No todo maltrato empieza con un golpe

La denuncia de Sara Medina contra Guillermo Rodríguez no fue un caso aislado: según VERA mujeres, ya serían diez sus víctimas.


Daniela Fajardo
marzo 20 de 2026
01:32 p. m.
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Esta semana se hizo viral en redes sociales la denuncia de Sara Medina contra Guillermo Rodríguez, presunto abusador y maltratador sistemático de mujeres. Después, según publicó VERA mujeres, se han conocido otras diez denuncias. Todo eso me hizo recordar a un personaje del pasado que tuve en mi vida, con el mismo patrón de comportamiento.

Muchas mujeres –me atrevería a decir que la mayoría– hemos tenido el infortunio de encontrarnos con un tipo de hombre que, al comienzo, parece inalcanzable: encantador, inteligente, seguro de sí mismo, alguien que sabe lo que quiere, que aparenta tener la vida resuelta y una forma particular de ver el mundo. Y, claro, eso cautiva e hipnotiza.

Pero hay hombres que convierten ese encanto inicial en un mecanismo de control, manipulación, violencia psicológica y hasta física

Este tipo de hombres maneja un patrón impresionante. Lo escribo hoy como una mujer que vivió esto en carne propia. Y hoy comparto esto por que ojalá otra mujer, al leer esta columna, logre identificar a tiempo lo que tardé varios años en entender. Sé que pueden pensar: “sal de ahí… qué fácil decirlo”. Sé también la valentía, el valor y las lágrimas que cuesta salir. Pero quiero que entendamos que sí se puede. Que sea difícil no lo hace imposible. A veces terminar con estas personas es muy difícil y requiere apoyo psicológico, familiar y, lamentablemente, hasta judicial. Ojalá no tuviéramos que llegar hasta esta instancia.

¿Cuál es ese patrón? Esto lo digo desde mi perspectiva, de ninguna manera busco imponer mi vivencia como una verdad absoluta, pero sí pretendo ayudar a generar consciencia sobre las parejas que elegimos desde lo que viví.

Al inicio suelen ser encantadores, mucho. También suelen ser muy inteligentes y, de hecho, se encargan de que lo sepas y lo tengas siempre presente. Necesitan hacerte sentir que son más inteligentes que tú, más astutos, más capaces; uno se siente un poco intimidada por eso –y a veces, eso es lo que nos atrae un poco–. Lo sé, suena horrible.

Son hombres que hablan sin parar de sus logros, de sus títulos, de todo lo que saben. También se encarga de criticar, muchas veces con sarcasmo, humillando a quienes no piensan como ellos. A veces lo hacen disfrazándolos de chiste, de ironía, de comentario suelto. Pero no: no es humor. Es humillación.

Después viene algo aún más peligroso: te hacen sentir que casi te están haciendo un favor por estar contigo. Porque te hacen creer que son más inteligentes que tú, que tienen más experiencia que tú en todo sentido, que su criterio vale más, que solo sus bromas son graciosas, que solo sus amigos son buenos y merecen la pena, que sus gustos son mejores, que su mundo está por encima del tuyo. Y ojo con esto, porque generalmente este tipo de hombres, poco a poco, te va alejando de tus amigos, de tu familia, de tu criterio, de ti misma.

Y algo importante; no lo hacen de frente. Lo hacen con comentarios sutiles, con burlas, con juicios disfrazados de preocupación, con críticas que parecen pequeñas pero que se van acumulando hasta romperte por dentro. Te hacen creer que tus amigos son inmaduros, que tu familia no entiende su relación, que tú no ves las cosas con suficiente “altura”. Y uno, casi sin ser consciente de esto, empieza a apartarse de quienes podrían ayudarnos a abrir los ojos. Porque claro, ellos no entienden lo que nosotros estamos viviendo. Terminamos cogiéndoles rabia o rencor.

Ese es uno de los mecanismos más perversos de la manipulación: hacerte creer que decisiones inducidas fueron decisiones tuyas.

Al inicio, este tipo de hombres se encarga de dejar muy clara su supuesta superioridad frente a uno, pero lo hace de manera tan sagaz y sutil que uno termina confundiéndolo con admiración. Te hacen creer que solo su opinión cuenta y que solo la de ellos es correcta. Solo su manera de ver el mundo es válida. Lo demás es ridículo, ingenuo, inmaduro, inferior. A veces hasta hacen chistes sobre lo que dices para hacerte sentir mal, sin que parezca algo serio. Pero ese chiste es suficiente para comenzar a dudar de nosotras mismas.

Así comienza: con comentarios sutiles que contradicen cada cosa que dices; con bromas aparentemente inofensivas, pero humillantes; con comentarios en tono de chiste sobre tus amigos y tu familia; con burlas hirientes sobre tu forma de ser, tu peso, tu posición social, tu manejo de las finanzas, tu cabello, tu maquillaje, tu ropa.

Hasta que llega un momento en que ya no sabes si estás exagerando o si, en efecto, te volviste insuficiente. Y no. No te volviste insuficiente. Es que te fueron quebrando, despersonalizando.

Una vez que ya te tienen totalmente controlada –y esto es importante aclararlo: uno no percibe que esto está ocurriendo, literalmente, frente a nuestros ojos–, te dejas llevar por la idea del amor, por creer que por fin encontraste un “buen partido” y, lo más preocupante de todo, por sentir que jamás volverás a encontrar un hombre así. Te hacen creer que es tan único y tan diferente que, si se va, perderás a un gran hombre de tu lado.

Entonces aparece el miedo. El miedo a perderlo, el miedo a quedarte sola, el miedo a perder la vida que construiste alrededor de él, el miedo a no poder, el miedo a no volver a encontrar a nadie, el miedo que encuentre a otra persona, el miedo a que cambie y ese cambio lo disfrute otra persona.

Y ahí está otra de sus trampas más crueles: te hacen creer que, si no estás con ellos, no vas a tener cierta posición laboral, social o económica. Se encargan muy bien de hacerte pensar que tu vida, mientras estás con ellos, es totalmente distinta a la que tendrías sola; que lo que tienes en ese momento, de una u otra manera, es gracias a ellos; que nada bueno de tu vida es por ti, sino porque ellos influyeron directa o indirectamente en ello.

Si en este punto te estás sintiendo muy identificada con lo que describo, por favor pide ayuda. A veces necesitamos que alguien nos abra los ojos. No esperemos al primer golpe, no esperemos al primer grito, no esperemos a que el miedo sea tan grande que ya no sepamos cómo salir.

Yo sé, por experiencia propia, que decir “sal de ahí” es fácil desde afuera. Es tal la manipulación psicológica que este tipo de hombres ejercen sobre uno, que nos es imposible imaginar una vida sin ellos. Nos hacen creer que sin ellos no seríamos nadie, que nadie más querría estar con nosotras, no seríamos capaces de lograr nada por nuestra cuenta, que no tendríamos amigos, ni dinero, ni un buen trabajo.

Otra característica que no falla es que este tipo de hombres SIEMPRE habla mal de sus ex. Siempre te dicen que estaban locas, que eran tóxicas, te cuentan cosas terribles, y esto, inconscientemente, hace que tú te esfuerces de sobremanera por demostrarle que tú no eres tóxica, que jamás serás así. Eso te vuelve sumisa con tal de que él tenga una buena opinión sobre ti.Así funciona esa manipulación.

Pero hoy quiero decirte que SÍ PUEDES.

Durante mucho tiempo creí que no era capaz. Creí que lo que había logrado en mi vida era gracias a él. Durante mucho tiempo –y de hecho, todavía me pasa a veces– me ha costado decir lo que pienso sin temor a sentirme juzgada o a que crean que soy bruta, porque cada que yo opinaba sobre política él me decía con ironía y desprecio: “Ay, Danielita, lo que es llevar 3 días en política”.

Hoy, ocho años después, puedo decirme: “Qué grande eres, Daniela”.

Mira todo lo que has logrado construir tú sola, a pulso, durante estos años. Mira que sí podías. Mira que si pudiste encontrar a un hombre maravilloso que te cuida, te respeta y a quien no admiras por manipulación, sino porque genuinamente lo admiras. Un hombre que es un caballero contigo, con el que tienes una relación sana. Sí, lejos de ser perfecta, pero una relación que me da muchísimos más días de tranquilidad que días en los que hay problemas. Porque con esta columna tampoco quiero decir que todos los hombres son iguales ni que las relaciones nunca tienen conflictos.

Mi objetivo con esta columna es que abramos los ojos como mujeres; que elijamos de manera consciente a quien será nuestra pareja. Somos nosotras quienes tenemos el poder de elegir. Tomémonos el tiempo de conocer bien a la persona que tenemos al lado. Para que dejemos de romantizar actitudes que en realidad son señales de abuso. Para que observemos con atención cómo trata a los demás el hombre que tenemos al lado: cómo se comporta con tu familia, con tus amigos, con quienes piensan distinto, con quienes tienen menos poder, menos recursos o cargos inferiores.

Porque el maltrato no empieza siempre con un golpe. Muchas veces comienza con una burla, con un comentario “inofensivo”, con una descalificación, con una dosis de desprecio, con una necesidad obsesiva de superioridad.

La persona de mi pasado que les contaba al inicio me hizo vivir muchos años con la autoestima en el piso, alejada de mis amigos y de mi familia; me intentó ahorcar “jugando”; me decía constantemente que no debía hablar con sus amigos porque no tenía cosas interesantes que decir; se burlaba de mí porque “mis papitos me cuidaban mucho”; me intentó ahogar con una almohada “también jugando”; me manipuló cuando intenté dejarlo, subiendo fotos a sus historias de muchas pastillas para la ansiedad para que pensara que yo lo iba a matar por dejarlo, me amenazó con suicidarse y tirarse a la NQS si no lo dejaba subir a mi casa; el que me dejaba los brazos morados “jugando”.

Tuve mucho miedo de alejarme de él, aún sabiendo en mi interior, y muchos años después, en su momento porque me había hecho creer que, con solo una llamada, podría acabar con mi carrera y que sola nunca iba a lograr nada. Qué equivocada estaba.

Gracias a Dios salí a tiempo. Gracias a Dios recuperé mi poder, mi voz y mi dignidad. Gracias a Dios entendí que sí podía, mis capacidades, y me di cuenta que el amor sano, tranquilo y bonito sí existe.

Por menos patanes y maltratadores. Por más mujeres que rompan el silencio. ¡No estamos solas!

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