De fracaso en fracaso y la billetera llenando
Millonarios volvió a sumar otro fracaso en tiempo récord, mientras las tribunas de El Campín eran las más llenas del país.
12:28 p. m.
Hay algo que en Millonarios parece no cambiar con el paso de los semestres: los resultados deportivos decepcionan, pero los balances financieros sonríen. Y esa contradicción, cada vez más evidente, tiene nombre propio en la cabeza dirigencial del club, con Gustavo Serpa como figura visible. Mientras los números en la cancha no alcanzan, los ingresos siguen creciendo, impulsados por una hinchada que no abandona.
El equipo con mayor asistencia de hinchas
El dato es tan contundente como incómodo: en el más reciente “todos contra todos” de la Liga BetPlay, Millonarios fue el equipo que más aficionados llevó al estadio. Un total de 292.474 personas asistieron a los partidos en El Campín, con un promedio de 29.247 por encuentro. Muy por encima de otros clubes tradicionales como Atlético Nacional, que quedó relegado en asistencia. No es un detalle menor, es una señal inequívoca de respaldo. La gente está. El problema es que ese compromiso no encuentra eco en la ambición dirigencial.
Porque no clasificar siquiera al grupo de los ocho en dos semestres consecutivos no es un accidente: es la consecuencia de decisiones mal tomadas. La falta de refuerzos de jerarquía, la apuesta reiterativa por planteles cortos y la ausencia de una planificación deportiva seria terminan pasando factura. Y mientras tanto, el discurso institucional parece girar más en torno a la sostenibilidad financiera que a la urgencia de competir por títulos.
Evidente falta de ambición
No se trata de desconocer que el fútbol moderno exige equilibrio económico. Pero cuando ese equilibrio se convierte en excusa para la mediocridad deportiva, el proyecto pierde sentido. Millonarios es un club grande, con historia, con exigencia, y sobre todo con una hinchada que no merece ver cómo su fidelidad se convierte en una especie de salvavidas permanente para una dirigencia sin ambición.
Aquí hay responsabilidades compartidas. Algunos jugadores han estado lejos del nivel que demanda la camiseta, el cuerpo técnico también ha tenido decisiones discutibles, pero el origen del problema está arriba. En quienes diseñan el rumbo del club y parecen conformarse con mantener una estructura rentable antes que construir un equipo ganador.
Lo único que no admite discusión es el papel del hincha. Ese que paga su boleta, que llena el estadio, que acompaña incluso en medio de la frustración. Ese que nunca falla. Por eso, el contraste duele más: mientras la tribuna responde, el proyecto deportivo sigue quedando en deuda. Y así, semestre tras semestre, la historia se repite: fracaso en la cancha, éxito en la caja.