Opiniónoctubre 10, 2021hace 8 días

El Apagón virtual

En pocos años el mundo virtual llegó para convertirse, sin darnos cuenta, en nuestra vida real, ¿Qué tanto poder le hemos dado?

 @MafenaviaC en Twitter*

 

Esta semana cuando las redes sociales más importantes se apagaron, fue como si se nos fuera la luz, quedamos en tinieblas; me pareció increíble lo incomunicados, perdidos y ansiosos que muchos pudimos sentirnos con una creación que no existía, hace poco más de una década. Este hecho, me hizo cuestionarme acerca de nuestras adicciones inconscientes, de estos nuevos hábitos profundos de nuestra sociedad actual y del desbalance que fácilmente causó la realidad virtual en tantos ámbitos.

Vivimos un apagón de un día y tuve un déjà vu de una época de mi niñez en la que, gracias a la penumbra, le exigíamos a nuestra creatividad al máximo y podíamos tener otras actividades; recuerdo que, por esos días, incluso volvimos a disfrutar de la magia de la radio, escuchando “Café con aroma de mujer”, cómo olvidar “La hora Gaviria”. 

Para muchos de nosotros también en parte fue un alivio, nos rindió el tiempo, decían los trinos, ¡ah! porque Twitter fue el oxígeno para muchos, la velita encendida en medio de la oscuridad. Logramos hacer entonces otras tareas pendientes y nos vimos obligados a tener que hacer una llamada tradicional. Pero esta situación que nos generó incomodidad no fue lo peor del asunto.

Este apagón de las redes sociales evidenció algunos trastornos psicológicos que padecemos y de los que no nos hemos percatado, por ejemplo “El síndrome de la llamada imaginaria”, que se trata de sufrir alucinaciones en las que nuestro celular vibra o timbra y hemos perdido una llamada, aunque esto no haya ocurrido. 

“La Nomofobia”, se trata de la angustia causada por no tener acceso a nuestro celular, quién no ha oído a alguien preguntar: “¿alguien tiene un cargador?, ¡Mi batería está que muere!”; este síndrome puede variar desde una ligera sensación de incomodidad, hasta un ataque grave de ansiedad. 

Por otra parte, está “La dependencia de Internet” esa extrema necesidad enfermiza de estar todo el tiempo conectado a la red, un vínculo adictivo a las distintas redes sociales, que puede llegar a afectar seriamente la vida privada y social. Y, por último, está el síndrome del “doble check”: Se trata de la ansiedad que genera que el destinatario de un mensaje de WhatsApp no responda, pero está en línea al recibirlo y vemos el doble chulo.

Aparte de estos evidentes problemas sicológicos que está viviendo nuestra generación, vimos cómo este apagón virtual también dejó a oscuras la economía en distintos países, ya que no solo las comunicaciones se interrumpieron, sino también el flujo económico, pues las pérdidas fueron millonarias y en dólares, para millones de personas y sus negocios, que tienen en las plataformas de Instagram, Facebook, Messenger y WhatsApp sus principales canales de ventas y de logística. 3.510 millones de usuarios activos, para ser más exacta.

Simplemente seis horas de apagón, generaron importantes impactos psicológicos, comunicativos y económicos, lo cual deja mucho que pensar y reflexionar. Esto no solo se trató de una falla tecnológica, nuestra comunicación, negocios y entretenimiento se vieron truncados de manera repentina. 

En pocos años este mundo virtual llegó para convertirse sin darnos cuenta en nuestra vida real, ¿Qué tanto poder le hemos dado?, ¿Qué tanto espacio real le hemos entregado al mundo digital? 

La mejor parte del apagón siempre fue cuando volvió la Luz. Lo importante es que este apagón nos haya dejado iluminados, con importantes lecciones acerca del uso y el poder que le hemos cedido a la tecnología en nuestra realidad. 

 

*Periodista y presentadora

 

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