Opiniónfebrero 12, 2022hace 6 meses

Entender, defender y promover el trabajo decente

Sin democracia y libertad no se construye nuevo trabajo decente y, por el contrario, se destruye el que ya existe.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, OIT, el concepto de trabajo decente comprende una serie de características que debe reunir una relación laboral, la cual tiene que cumplir con los estándares adoptados universalmente en este sentido. 

De acuerdo con la OIT, el trabajo decente es una de las preocupaciones mundiales más importantes y supone que, hombres y mujeres, dispongan de oportunidades para realizar una actividad productiva que les aporte un salario justo, seguridad en el trabajo y protección social. De igual manera, debe ofrecer mejores perspectivas de desarrollo personal, integración social y libertad de expresión; garantizando los derechos de participación y asociación, así como la igualdad de oportunidades y de trato.

En el mismo sentido, El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas ha asegurado en múltiples ocasiones que “Para la creación de nuevas oportunidades laborales es imprescindible contar con un entorno que fomente la inversión, el crecimiento y la capacidad empresarial”.

Así las cosas, es fundamental que todos los ciudadanos puedan obtener un empleo productivo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana para erradicar el hambre y la pobreza. Nadie puede desconocer que la anterior ecuación es parte fundamental del bienestar económico y social de todos, es decir del desarrollo sostenible de los países. 

Se puede asegurar que el trabajo es un componente fundamental de ese contrato social que supone la gobernanza, sobre el cual el sistema democrático ha demostrado ser la mejor opción para garantizar los derechos humanos y la libertad.

En Colombia, como nunca, el trabajo decente debe explicarse, promoverse y defenderse.  Tenemos que unirnos para entender que, como bien lo asegura la OIT, solo respetando la libertad y los derechos del otro, podremos construir muchas de las oportunidades laborales que hoy se reclaman.
Como en la gran mayoría de las naciones el camino es arduo y nada fácil. Sin embargo, hemos logrado avances muy importantes que no se pueden de ninguna forma desconocer y que demuestran que vamos en la senda correcta.

Es claro que atravesamos dificultades y que la crisis sanitaria las evidenció e incrementó, pero lo que no entiendo es cómo algunos quieren aprovecharse de esta situación para hacerle creer, a otros tantos, que la culpa de todo la tiene la actividad empresarial y nuestro modelo político y económico. 

Sin embargo, también debemos tener claro que hay mucho por hacer. La informalidad y la inestabilidad laboral, sumadas a las cifras de desempleo, siguen siendo unos retos inmensos a los que gobierno y empresariado deben dar pronta solución. 

En el anterior sentido, las organizaciones privadas juegan y tienen que asumir un papel fundamental en la búsqueda de la formalización del trabajo. Un claro ejemplo es el sector floricultor, que genera 150 mil empleos anuales, todos ellos con los requisitos de ley y que durante la pandemia logró mantenerlos en su totalidad.  

Aquí lo primordial es que solo la libre elección y participación de los ciudadanos asegura colocar la justicia social al centro de las políticas de desarrollo. No nos engañemos, es imposible crear trabajo decente bajo un discurso -muy distante de un modelo serio y sustentado- que lo que pretende es erradicar los valores y principios que supone el estado de derecho y las libertades que se requieren en la actividad empresarial.

Pero ¿qué podemos hacer cómo ciudadanos del común para aportar en la consolidación del trabajo decente? 
La respuesta, aunque parece obvia muchos la desconocen: debemos ejercer nuestros derechos y preocuparnos por el futuro inmediato que vamos a ayudar a construir.

Cada colombiano aún es libre de conocer las diferentes propuestas que se proponen y de elegir la que considere más viable. Y, lo más importante es que tenemos que hacerlo entendiendo que sin democracia y libertad no se construye nuevo trabajo decente y, por el contrario, se destruye el que ya existe. 

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