¿Colombia está preparada para un próximo terremoto? El 83% de los hospitales en zonas sísmicas necesitan reforzamiento
En Colombia, 310 de 368 hospitales públicos ubicados en zonas de amenaza sísmica media o alta requieren reforzamiento estructural.
08:21 p. m.
En Colombia, 310 de 368 hospitales públicos ubicados en zonas de amenaza sísmica media o alta requieren reforzamiento estructural. Mientras los rescatistas buscan sobrevivientes entre los escombros, este dato obliga a mirar más allá de la emergencia: ¿está Colombia preparada para una emergencia igual o peor?
El terremoto del 10 de agosto dejó una pregunta que Colombia no puede seguir aplazando: ¿estamos realmente preparados para enfrentar un desastre de esta magnitud si vuelve a ocurrir o si ocurre uno todavía mayor?. La pregunta no desconoce lo que sí funciona. Al contrario. En medio de los escombros han estado bomberos, organismos de socorro, Fuerza Pública, personal médico, voluntarios y equipos especializados de búsqueda y rescate.
Colombia cuenta con 23 grupos USAR acreditados para operaciones de búsqueda y rescate urbano. Además, el USAR COL-1 mantiene su reconocimiento internacional bajo los estándares de INSARAG (Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate), mecanismo de Naciones Unidas para la búsqueda y rescate urbano. Es una capacidad que merece reconocimiento. En junio, durante la emergencia sísmica en Venezuela, el USAR COL-1 desplegó 63 rescatistas y cuatro binomios caninos. Durante la operación acumuló más de 192 horas de trabajo en inspección de estructuras, evaluación de zonas afectadas y búsqueda y rescate de sobrevivientes. Incluso logró participar en el rescate con vida de un niño de 11 años que llevaba días atrapado bajo los escombros.
Pero una emergencia de gran escala plantea un desafío diferente: ¿qué ocurre cuando varias ciudades necesitan simultáneamente equipos de rescate, hospitales, agua, alimentos, comunicaciones y vías de acceso?
Tener equipos preparados para rescatar es indispensable. Pero no basta. La verdadera preparación empieza mucho antes de que una estructura colapse. El problema también está en las estructuras e instituciones que deben seguir funcionando. Un terremoto no solo derriba viviendas. Puede afectar hospitales, carreteras, acueductos, redes eléctricas, comunicaciones y toda la infraestructura necesaria para atender a las víctimas.
Y aquí aparece uno de los datos que más debería preocuparnos. Una investigación de la Universidad de La Sabana, basada en información del Ministerio de Salud, encontró que 310 de 368 hospitales públicos ubicados en zonas de amenaza sísmica media o alta -cerca del 83%- requieren reforzamiento estructural.
Esto no significa que el 83% de esos hospitales vaya a colapsar durante un terremoto. Significa que existe una brecha importante de reforzamiento precisamente en infraestructura que debe permanecer operativa cuando más se necesita. La experiencia de Armenia en 1999 ya mostró las consecuencias de perder infraestructura esencial durante un terremoto. El sismo de magnitud 6,1 dejó más de mil muertos y miles de heridos; además, hospitales, establecimientos educativos y otros servicios esenciales resultaron afectados.
Por eso, la pregunta no puede ser únicamente cuántos médicos, ambulancias o rescatistas tenemos. También debemos preguntarnos si los hospitales, las vías, los acueductos y las comunicaciones que deben sostener esa respuesta están preparados para seguir funcionando.
Colombia sabe que tiembla. El país registra, en promedio, 2.500 sismos al mes. La Red Sismológica Nacional monitorea la actividad sísmica las 24 horas del día, los siete días de la semana y actualmente cuenta con más de 200 estaciones distribuidas en el territorio. En sus primeros 30 años de operación registró cerca de 300.000 eventos sísmicos.
Sabemos, además, que Colombia está ubicada en una zona de interacción entre las placas tectónicas de Nazca, Cocos, Caribe y Sudamérica, y que los efectos de un sismo dependen, entre otros factores, de su magnitud, profundidad y de las condiciones del territorio donde ocurre. La ciencia también es clara en algo fundamental: no existe actualmente un método que permita predecir cuándo ocurrirá un terremoto. Por eso la preparación no puede comenzar cuando llega una alerta. Tiene que comenzar antes. La prevención también se mide en pesos.
Hay otra pregunta incómoda: ¿con qué recursos respondería Colombia si un terremoto afectara simultáneamente a varias ciudades?. El país cuenta con el Fondo Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres y con mecanismos presupuestales para atender emergencias. Pero los recursos del Fondo no constituyen una caja de dinero de libre disposición: existen destinaciones, compromisos y procesos de ejecución.
Por eso, más que mirar una cifra global del Fondo, necesitamos conocer cuánto dinero puede movilizar realmente el Estado de manera inmediata ante una catástrofe nacional.
La pregunta es fundamental porque la emergencia no termina cuando dejan de sonar las sirenas. Después vienen las viviendas, las escuelas, los hospitales, las vías, los acueductos, las comunicaciones y los empleos que deben recuperarse.
La capacidad de respuesta, por tanto, no se mide solamente por lo que podemos hacer el primer día. También por cuánto tiempo podemos sostener la atención y financiar la reconstrucción. El terremoto del 10 de agosto, de magnitud 7,4 y aproximadamente 103 kilómetros de profundidad, fue un recordatorio de que Colombia está sobre un territorio sísmicamente activo.
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha reiterado que no podemos predecir un terremoto ni sus réplicas. Lo que sí podemos hacer es estudiar la amenaza y reducir nuestra vulnerabilidad. Eso significa revisar el estado de hospitales y edificaciones esenciales, acelerar los reforzamientos estructurales, fortalecer las capacidades USAR, garantizar sistemas alternativos de comunicación, revisar los inventarios de ayuda humanitaria y mejorar la coordinación entre Nación, departamentos y municipios.
También significa transformar el próximo Simulacro Nacional. Este no debería limitarse a practicar la evacuación ordenada de un edificio. Deberíamos preguntarnos qué pasaría si varias ciudades quedan afectadas al mismo tiempo, si las carreteras principales quedan bloqueadas, si fallan las telecomunicaciones, si algunos hospitales deben ser evacuados y si miles de familias necesitan atención simultáneamente. Ese es el escenario que debemos practicar.
Colombia acaba de demostrar que tiene algo que ninguna institución puede comprar: personas dispuestas a entrar a los escombros para salvar a otras. Los rescatistas han demostrado de qué están hechos. Los voluntarios también. Las comunidades que han donado, los médicos que han trabajado sin descanso y los ciudadanos que han ayudado han demostrado una enorme capacidad para levantarse frente a la adversidad.
Ahora corresponde a las instituciones estar a la altura de esa misma fuerza. No podemos evitar el próximo terremoto. Pero sí podemos decidir cuánto daño estamos dispuestos a permitirle causar. Prepararnos no significa esperar que vuelva a temblar.
Significa trabajar desde hoy para que, cuando vuelva a ocurrir -porque la ciencia no puede decirnos cuándo ni que no vaya a volver a pasar-, haya menos vidas que rescatar, menos infraestructura que perder y un país mucho más preparado para levantarse.