Populismo preelectoral

¿Por qué el Gobierno esperó hasta su último año para subir desproporcionadamente el salario mínimo y reducir el sueldo de los congresistas? Fácil, porque tiene miedo de perder las elecciones.


Juan David Galindo
enero 05 de 2026
01:00 p. m.
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El cierre del 2025 estuvo plagado de una seguidilla de anuncios populistas por parte del Gobierno que busca desesperadamente la forma de ganar votos, a menos de cinco meses de que se lleve a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

El posible levantamiento de seis peajes en la Costa Caribe derivado del fin anticipado de una concesión vial, la eliminación de una prima de servicios de $15 millones para los congresistas y el aumento descomunal del 23% del salario mínimo, son el arsenal de medidas que el petrismo implementó los últimos días del 2025 bajo la excusa de reducir la brecha social que hay en el país y ayudar a las poblaciones más vulnerables.

Lo cierto es que las medidas implementadas producen efectos nocivos, no solo para la economía en general, sino para las poblaciones más vulnerables. Empecemos hablando de la decisión de acabar el contrato de Autopistas del Caribe con el que el Gobierno, supuestamente, pretende eliminar 6 peajes que hay en los departamentos de Atlántico y Bolívar. De acuerdo con la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), esta decisión afecta la confianza inversionista y pone en riesgo el futuro de los nuevos proyectos de infraestructura que se lleven a cabo en el país. Eso sí, hay que mencionar que a siete meses de que termine el Gobierno Petro, esta administración no ha adjudicado un solo proyecto grande de infraestructura y, de hecho, había prometido invertir $10 billones en vías terciarias, de los cuales a duras penas logró conseguir $1 billón (el 10%). Entonces el Gobierno decidió no hacer grandes proyectos de infraestructura vial con la promesa de hacer las vías de los pequeños municipios, pero tampoco lo logró. Ni raja, ni presta el hacha.

Con el regreso de la concesión a cargo del Invías, ahora será la entidad la encargada de hacer las inversiones y el mantenimiento del corredor vial. De hecho, fuentes cercanas al proyecto me confirmaron que el Gobierno no va a poder eliminar los peajes que hacen parte de la vía, ya que de hacerlo no tendría los recursos necesarios para hacer mantenimiento a la carretera. ¿Quiénes serán los más afectados? Los usuarios constantes de la vía, pues van a ver como el deterioro de la misma afecta sus vehículos e incrementa los tiempos de viaje.

Más salario mínimo = más brechas sociales

En una columna anterior ya había hablado de las implicaciones del incremento desproporcionado del salario mínimo y cómo la premisa de que así se reduce la brecha social y la inequidad del país es una mentira.

Retomemos algunas de las cifras. Según el Dane, a octubre del 2025 había en el país 23,7 millones de trabajadores de los cuales 11,3 millones ganaba menos del salario mínimo (el 47,6%), 12% más que en el mismo periodo del 2023 cuando el número de trabajadores que ganaba menos del mínimo era de 10,1 millones. Los números también reflejan que en el último año el número de personas que ganaban exactamente el salario mínimo bajó desde 3,7 hasta 2,4 millones (32% menos). ¿Notan algo? Entre 2024 y 2025 1,3 millones de personas dejaron de ganar el salario mínimo, de esas, 1,2 millones pasó a ganar menos del mínimo y solo 100.000 empezaron a ganar más.

Ahora bien, si miramos las cifras de informalidad nos damos cuenta que el 55,3% de los trabajadores son informales y que en las zonas más apartadas del país la proporción llega a superar el 60%.

Dane. 2025. Mercado Laboral.

Las cifras son más preocupantes cuando vemos que sólo en ocho ciudades del país (Bogotá, Medellín, Manizales, Bucaramanga, Tunja, Pereira, Cali y Pasto) el ingreso medio en 2024 fue superior al salario mínimo de $1.400.000.

Cuando Petro dice que el aumento del salario mínimo beneficia a la clase trabajadora, la verdad es que solo tiene un impacto positivo directo en apenas el 10% de los trabajadores del país, pero los efectos nocivos sí los sienten el 90% restante. Además, ese 10% que se ve beneficiado está altamente concentrado en las ciudades más grandes y desarrolladas del país, mientras que termina relegando a los departamentos más apartados. ¿De qué le sirve a alguien en Sincelejo que el salario mínimo esté en $2.000.000 si a duras penas le pagan $30.000 por un día de trabajo?

Si bien el trabajador en Sincelejo no va a ver los efectos del aumento del mínimo, sí va a sentir el impacto del mismo en la inflación pues los alimentos, el transporte y los servicios públicos se pusieron más costosos.

La subida desproporcionada del salario mínimo también impide que las empresas lleguen a las regiones a generar inversión y empleo formal. ¿Qué incentivos tiene una cadena grande de restaurantes de abrir una sede en Sincelejo si los 5 empleados que necesita le van a costar igual que en una sede en el parque de la 93 de Bogotá? Mientras en Sincelejo va a vender $2.000.000 diarios, en la capital seguramente venderá cuatro o cinco veces ese valor.

Pero el punto más lógico de todos es el siguiente: si la premisa de Petro de que subiendo el mínimo los hogares tienen más ingresos, por ende gastan más y mueven la economía, por qué no subirlo de una vez a $3, $4 o $5 millones? ¿Por qué no colocar un salario mínimo de $7 millones y así acabar la pobreza?

Lo que más me inquieta es saber si el Gobierno tenía la capacidad de implementar este tipo de medidas desde un inicio, por qué esperó hasta su último año de Gobierno. Si por un fallo judicial podía desde un principio suspender la prima de $15 millones de los congresistas, ¿por qué no lo hizo desde el 7 de agosto de 2022? Si quería eliminar los peajes del Caribe, ¿por qué no reversó la concesión hace tres años? Si quería ayudar a los trabajadores ¿por qué no subió el mínimo desde antes de $2.000.000?

Solo hay una respuesta para estos interrogantes: porque sabe que el grueso de los efectos negativos de estas iniciativas no los va a sentir su Gobierno y van a ser la piedra sobre la cual se construya la “oposición” luego de que la izquierda pierda las elecciones presidenciales y legislativas del 2026.

Los incrementos fuertes del desempleo, inflación e informalidad se van a empezar a ver después del primer semestre del 2026 cuando ya el Gobierno esté haciendo empalme con la nueva administración y derivarán en una serie de problemas que serán las bases del nuevo discurso de oposición que la izquierda repetirá incesantemente durante los próximos cuatro años.

Todas estas decisiones populistas, que van a terminar afectando y fomentando las brechas sociales y regionales en el país, también tienen como objetivo ganar los últimos votos posibles de cara a unas elecciones que no pintan tan fáciles par ala izquierda.

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