Opiniónseptiembre 28, 2021hace 20 días

La anarquía moral y ética de la sociedad colombiana

La sociedad colombiana no ha sabido trazar la línea entre lo que es ético y moral y lo que no lo es.

Por Jose Fernando Torres

@josetorresf en Twitter

Las sociedades siempre se han preocupado por establecer reglas para determinar lo que es legal e ilegal y acuden para ello a las normas jurídicas. Como estas no son suficientes para regular las relaciones sociales o para definir qué está bien y qué está mal, qué es recto, justo y severo y qué no lo es, qué está fundamentado en valores y principios y qué no, qué es aceptable y qué no, las sociedades acuden también a preceptos religiosos, a convencionalismos sociales, a lineamientos dictados por la ética y la moral, reforzados por refranes populares como aquel que solían repetir nuestros padres y abuelos, “Dime con quién andas y te diré quién eres” o “no basta serlo sino parecerlo”.

La inaplicación de las normas legales o su aplicación tardía y la ausencia de rechazo social a quienes transgreden tales normas, preceptos, convencionalismos o lineamientos, demuestran hasta la saciedad que Colombia no ha sabido trazar la línea divisoria y que poco le importa la verdad, porque nada hace para evitar su distorsión. Los ejemplos abundan.

Contra la voluntad popular expresada en el plebiscito, un presidente de la República, un Congreso espurio y una Corte que traicionó sentencias anteriores suyas, no tuvieron reparo alguno en sentar en ese congreso a personas acusadas de cometer delitos de lesa humanidad, que se comportan ahora como si tuvieran autoridad moral para hacer leyes y que valiéndose de su investidura lanzan toda clase de improperios contra un gobierno legítimo y contra una sociedad que no supo reaccionar frente a semejante afrenta.

No haber trazado la línea explica que, posteriormente, bajo el amparo de un ilegítimo acuerdo, el grupo beneficiario del mismo se atreva a realizar un homenaje a quien fue calificado como uno de los más sanguinarios guerrilleros, abatido por el Estado al que combatía, y quien sometió a escarnio, a humillación y a sufrimientos a los militares y civiles secuestrados.

No haber trazado la línea explica que un organismo como la JEP, cuyos magistrados tienen un claro sesgo ideológico, estén juzgando a quienes fueron colocados por la sociedad para protegerla y se muestren laxos frente a aquellos de quienes debían protegernos.

No haber trazado la línea explica que la Comisión de la Verdad esté más preocupada por poner en el mismo nivel la “verdad” del grupo guerrillero que la “verdad” de quienes se opusieron a él y que muy oronda pregunte a uno de los expresidentes solo por lo que hizo frente a los paramilitares, como si, contra toda evidencia, este hubiera sido complaciente frente a estos últimos o como si los gobiernos hubieran incumplido el deber de combatir a todos los grupos violentos, guerrilleros o paramilitares. Y explica que esa Comisión, frente a otro expresidente, hubiera blandido espada con escudero a bordo y no lo hubiera hecho frente al grupo guerrillero.

No trazar la línea explica que el Consejo Nacional Electoral y la Comisión de Acusaciones -o, más bien, de absoluciones-, hayan desechado las pruebas entregadas por la Fiscalía sobre la financiación de Odebrecht a cierta campaña presidencial y que no haya aún condena contra los verdaderos responsables del montaje hecho para derrotar al candidato que se perfilaba como ganador.

No trazar la línea explica que cierto candidato presidencial no sienta que haber sido filmado a hurtadillas recibiendo una bolsa con dinero, es motivo suficiente en cualquier sociedad decente

para renunciar a esa candidatura y que una malhadada providencia prohijara de hecho esa candidatura al incluir en la misma un párrafo absolutorio de la conducta al lado del dictamen de prescripción de la acción penal.

No trazar la línea explica que no suceda nada cuando un reconocido político es encontrado con un maletín lleno de dinero y desafía a la autoridad que le requirió explicaciones. Y que no sucediera nada cuando a ese mismo político, según refieren los medios, le encontraron una suma importante de dinero en un apartamento.

No trazar la línea explica alianzas políticas con personas de dudosa reputación o con quienes se sabe que, de llegar al poder, lastimarán a Colombia y la dejarán herida y maltrecha.

No trazar la línea explica que ciertas autoridades locales desafíen a la sociedad, sin consecuencias de ninguna naturaleza, cuando permiten la violencia en las marchas u otorgan permisos para marchas claramente inconvenientes, no solo por sus perniciosos efectos frente a la pandemia sino por lo previsible que era que degeneraran en violencia y saqueos. Y cuando, no contentos con eso, ofrecen trato privilegiado a la denominada “primera línea", principal causante de los desmanes.

No saber trazar la línea explica que se haya pedido tardíamente la renuncia –o brindado un apoyo impertinente- a una ministra cuya responsabilidad política por la indebida adjudicación de un importante negocio en el sector de telecomunicaciones era innegable.

P.D.: Primero fue un ataque de la Fiscalía a quien dirigió la Operación Jaque. Ahora, la salida intempestiva del Ejército de otro de los militares que planearon esa operación. ¿Quién sigue? ¿Qué hay detrás? ¿Otro pacto clandestino para demoler a los héroes, como se hizo en Bogotá con el monumento a los héroes?

P.D.: A propósito de la mención que hice del exfiscal Alfonso Valdivieso en mi artículo sobre la imputación del Fiscal Barbosa al General Montoya, me dice Valdivieso que él hizo bien en renunciar luego de la absolución de Samper por el Congreso, pero que sí estuvo mal de su parte haberse lanzado a la presidencia.

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