Opiniónjunio 18, 2022hace 16 días

La re-evolución educativa anticorrupción-3

¡Las universidades deciden excluirlos! Sin siquiera explicarles por qué los rechazan.

Miguel de ZubiríaMiguel de Zubiría /Foto: Noticias RCN

Por: Miguel de Zubiría. Psicólogo. Miembro de la Academia de Pedagogía y Educación. Miembro de la Academia Nacional de Medicina. División de salud mental.

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La opción elemental y lógica tendría que ser valorar, diagnosticar y corregir las deficiencias de ingreso. Sería la tarea de una gratísima cátedra o taller de psicología básica, de solo dos horas señales de duración, ¡para todos los estudiantes

Un millón cien mil estudiantes fueron rechazados para ingresar a la universidad… ¡Ocurre cada año!

Comentamos que en el año 2019, 2’124.546 bachilleres se inscribieron a educación superior. Pero el examen de admisión de las universidades rechazó a 52% de los candidatos. ¡Un millón cien mil estudiantes no pudieron ingresar a la universidad! Cifra que prefiero convertir a once Plazas de Bolívar repletas de jóvenes cuyos sueños fueron frustrados de por vida con el único parámetro de un solo examen escrito y colectivo.

Además: ¡Llegó el día!.

Todas sus madrugadas y las de sus padres, sus esfuerzos por aprobar cada parcial, cumplir las tareas, hacer exposiciones orales en grupos, responder las mil y una evaluaciones que les confirieron el título de bachilleres no sirvieron para nada. De un tajo y para siempre, sin apelación posible, los cortó el examen escrito de una universidad, el odiado EIU.

Ese millón de jóvenes entusiastas e ilusionados con forjarse un mejor futuro y de contribuir a su patria al desarrollar sus capacidades profesionales jamás alcanzarían su sueño.

En sus colegios no aprendieron absolutamente nada para el trabajo, pues se supuso que ingresarían a la universidad. Si bien todos los profesores saben que esa ruta es la excepción para nuestros muchachos, pues sólo uno de diez se titula profesionalmente, los demás se condenan, de por vida, a la informalidad o los trabajos rutinarios, sin ninguna realización personal en el horizonte. 

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Así ha sido desde que tengo memoria. Los educadores lo sabemos desde siempre. De allí que la propuesta del candidato Rodolfo Hernández de eliminar ese odioso examen de ingreso a la universidad EIU deba considerarse con mucha atención.

Siempre hay una pregunta ¿es posible reemplazar el EIU por otro procedimiento menos cruel y traumático?

¿Es posible reemplazar el EIU?

Concuerdo en que muchos bachilleres rechazados puedan tener alguna deficiencia en su preparación. Durante los muchos años que trabaje, en exámenes de ingreso a las universidades, aparecían siempre tres grandes grupos de fallas posibles. Por supuesto, pueden ser más:

            1. Motivacionales

            2. Operaciones intelectuales

            3. Autoconocimiento

Las fallas motivacionales son terriblemente corrientes. Al recorrer el colegio un número enorme de candidatos a la universidad pierden del todo su motivación por estudiar, por preguntarse, argumentar, estudiar, debatir. Peor aún, muchos desarrollan francas fobias: consideran que aprender es repetir, y memorizar algo tedioso y aburrido.

Qué importante sería que ellos -pero me parece, mejor que todos- entendieran a cabalidad la importancia para la sociedad humana del conocimiento junto con los grandes disfrutes de aprehender.

En los bachilleres las fallas en alguna o varias de las nueve operaciones intelectuales son la regla, más que la excepción. Muy pocos colegios, si es que alguno, les enseñan a sus estudiantes a escuchar (no conozco ninguno), a leer, exponer, escribir ensayos, a argumentar, derivar, hipotetizar y las demás operaciones intelectuales metacognitivas. Cuanto bien le haría al conjunto de primíparos una buena nivelación en operaciones intelectuales a su ingreso universitario. 

Y tal vez la laguna principal con la cual arriban -diría- todos los candidatos a su carrera profesional (los profesores la conocemos y hablamos de ella de continuo): la trágica ausencia de autoconocimiento. No tienen idea de quiénes son, y menos de cuáles son sus cualidades, fortalezas, incompetencias; ni mucho menos sus anhelos, motivaciones proyectos de vida. La razón, la misma de siempre: nadie siquiera les ha hablado de este tema, para mí, el más importante de la existencia. 

¿Qué hacer entonces?

¡Las universidades deciden excluirlos! Sin siquiera explicarles porqué los rechazan. La opción elemental y lógica tendría que ser valorar, diagnosticar y corregir las deficiencias de ingreso. Sería la tarea de una gratísima cátedra o taller de psicología básica, ¡para todos los estudiantes!

Bienvenida sea la propuesta educativa del ingeniero Rodolfo Hernández, tomaré esta bandera hacia el futuro.  

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