Fracasó la paz total en el Cauca

Desde que se suspendió el cese bilateral, la escalada de violencia contra la fuerza pública y la comunidad ha sido despiadada.


Nancy Velandia
mayo 25 de 2024
11:00 a. m.
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Parece diluirse la esperanza de una vida en paz para el Cauca, territorio que ha sido desangrado por décadas. La llegada de un nuevo Gobierno que trajo la promesa de un proceso de paz con los disidentes de las Farc, que ya le habían fallado a los colombianos al preferir las armas, despertó la ilusión que han ido aniquilando, día a día, a punta de bombardeos, ataques con carros bomba, retenes ilegales, secuestros, minas antipersona y asesinatos de niños.

Como el de Yhan Esteban, de 12 años, que murió instantáneamente. Los guerrilleros de las disidencias le negaron el derecho a un futuro, como se lo están negando a miles de niños que reclutan vilmente.

La cifra es preocupante: según el defensor del Pueblo, Carlos Camargo, en el Cauca, ocho de cada 10 menores de edad son reclutados. Y así como indigna la muerte de pequeños como Yhan Esteban; aterra la indiferencia de algunos funcionarios y ministros, sobre todo, aquellos que son hijos de esta tierra.

Y lo corrobora el mismo defensor del Pueblo cuando señaló que le ha enviado, en varias ocasiones, mensajes de alerta al ministro del Interior, Luis Fernando Velasco, pero nunca ha recibido respuesta.

Eso por el lado del gabinete del presidente, pero por el lado de las disidencias de las Farc, está claro que no hay gestos de paz ni voluntad de cesar la violencia, precisamente por eso se suspendió el cese con este grupo guerrillero el pasado 17 de marzo, pero solo se hizo en tres departamentos, cuando el país lo que necesita es que no les dé más gabelas a los terroristas.

Desde que se suspendió el cese bilateral, la escalada de violencia contra la fuerza pública y la comunidad ha sido despiadada. Tanto, que el gobernador del Cauca, Octavio Guzmán, ha insistido en que “si no nos unimos todos a reclamar más capacidades al Gobierno Nacional vamos a continuar llorando a nuestros niños nuestra población civil y también nuestra fuerza pública”.

¿Perdimos el suroccidente de nuestro país? es una pregunta que pareciera sacada de los periódicos de los años 90 cuando estábamos bajo la merced de los terroristas, pero no, esta duda la tenemos hoy todos los colombianos, porque volvemos a estar bajo su barbarie. A las nuevas generaciones, que están entre los 20 – 25 años, y que están viendo esta crudeza, les decimos que ya la habíamos sufrido y que ahora lo que estamos viviendo es un déjà vu.

Por eso no es exagerado cuando el gobernador Guzmán dice que estamos perdiendo la guerra porque no hay igualdad de condiciones. Para nadie es un secreto que el cese bilateral solo sirvió para que los disidentes se reorganizaran, se expandieran y se armaran aún más. Mientras tanto, el Ejército pierde su capacidad operativa.

Como lo que está pasando con los diez helicópteros rusos MI-17, que han servido desde 1997 en operaciones ofensivas, en acciones de salvamento aéreo, en búsqueda y rescate, y ahora están parqueados, y sin mantenimiento, en la base de Tolemaida

El representante Julio César Triana destapó una verdad que estaba oculta. Gracias a él supimos que no es Rusia el que se niega a revisar y reparar los helicópteros, sino que es el mismo Gobierno colombiano el que ha rechazado la solicitud. Piensen todo lo que serviría el apoyo de estas aeronaves a aquellos policías y soldados que están siendo hostigados por la guerrilla.

Y en medio de este recrudecimiento que nos hace vivir, una vez más, la pesadilla de la guerra, el presidente Gustavo Petro destituyó al comandante del Ejército Luis Mauricio Ospina, y nombró en su reemplazo al general retirado Luis Emilio Cardozo. Sí, un oficial en retiro. ¿Es esta la estrategia militar adecuada? ¿Qué pensarán los miles de soldados que están poniendo el pecho ante tanta improvisación? Lo que se necesita es una reacción rápida que haga contrapeso a la inoperancia que resucitó a las Farc.

El Cauca es solo una muestra del desastre que están causando las disidencias. Huila y Tolima corren riesgo. Según el senador Ariel Ávila, cuando se fue Santos, las disidencias operaban en 56 municipios; en el gobierno Duque delinquían en 123 y en estos dos años del gobierno de Petro ya vamos en que se extendieron a 160 municipios.

La reflexión que hacemos como colombianos al presidente Petro es si vale la pena insistir con estos terroristas que le siguen fallando al país.

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