Opiniónseptiembre 06, 2022hace 22 días

Presidente, no mate la gallina de los huevos de oro

La presentación de la tributaria en el segundo día del gobierno Petro ha traído, como toda ley económica, un debate profundo en el país.

Mateo Castaño - ProCentrismoFoto: NoticiasRCN.com

Entre críticas de detractores, halagos de defensores y el análisis de otro tanto de personas, se ha colado la discusión sobre el impacto que esta tributaria tendrá entre las startups –esas empresas prometedoras de reciente creación y alto crecimiento como Rappi, Platzi o Merqueo que están revolucionando la economía colombiana.

El ecosistema start-up es todo un cuento. A pesar de su novedad, las más de 1,000 startups creadas en los últimos 10 años en Colombia han tenido un impacto tremendo en nuestra economía creando más de 35,000 empleos de alta calidad –desarrolladores de software, diseñadores, comerciales, product managers, etc– mediante los más de 3,000 millones de dólares que los emprendedores de estas empresas han levantado en los mercados internacionales desde cero. Aunque algunos confundan startups con elitismo, este ecosistema ha demostrado ser un tremendo equilibrador de oportunidades donde es el talento lo único que importa para el éxito. Un caso de la potencia de las start-ups es el del colombiano John Freddy Vega, fundador de Platzi –una startup que ofrece cursos profesionales online en todo el mundo– y para quien sus sencillos orígenes no fueron impedimento para convertirse en un desarrollador y fundador de un emprendimiento de primer nivel. En el caso de Freddy, el hombre ha logrado levantar capital por casi 80 millones de dólares para Platzi, su emprendimiento de alto impacto que nace, crece y crea empleo desde Colombia. 

Lo interesante del ecosistema es que las startups son una de las mejores herramientas a disposición del país para crear esa economía potente del conocimiento que trascienda a la explotación de recursos naturales y que cree empleos de calidad como propuso el hoy presidente Gustavo Petro en campaña. Si un sector ha demostrado crear mercados inexplorados, pagar buenos salarios a jóvenes profesionales y ser equitativos en las oportunidades a personas de todos los orígenes sociales es el ecosistema startup. El problema es que esta tributaria con su impuesto al patrimonio sobre el valor intrínseco de las acciones pone en riesgo la creación y supervivencia de las startups. Resumidamente, esta tributaria exige que los fundadores de los emprendimientos paguen, aparte del impuesto de renta, ICA e IVA que ellos y sus empresas ya pagan, un adicional impuesto al patrimonio sobre el valor intrínseco de sus acciones, obligándolos a tributar no con base en ganancias, utilidades o dividendos sino además por el monto de los recursos que ellos levantan de inversionistas para que su empresa opere –dinero que no ha entrado aún en los bolsillos de los fundadores. La tributaria, tal como está escrita, obligaría a que los fundadores usen plata de la empresa –no suya– para pagar un cuarto impuesto en unas startups que, aunque estén creciendo y contratando, todavía no han generado un peso en utilidades –y menos en dividendos para sus fundadores.

Un ejemplo plausible sería el de una startup que a cambio del 10% de sus acciones recibe 5 millones de dólares para su operación. Aunque teóricamente el 90% restante valdría 45 millones de dólares, esos 45 millones no existen; sólo existen los 5 que se usaron para contratar personal y pagar arriendo. El error de esta tributaria es que sobre los 45 millones inexistentes los dueños de la startup tendrían que pagar $450,000 dólares (más de 2,000 mil millones) en impuesto al patrimonio aun cuando muy probablemente su salario anual es solo una fracción de eso –sobre el que además ya pagan impuesto de renta personal. En estas condiciones emprender es imposible.

De aprobarse la Tributaria tal como está escrita el futuro del ecosistema startup es sombrío. Por un lado, es probable que algunos de estos maravillosos emprendedores se vayan con su ingenio a otro país con condiciones fiscales menos onerosas; por otro, los potenciales Freddy Vega del futuro no se atreverán a comenzar un emprendimiento que el Estado Colombiano ni siquiera deja nacer. Evidentemente todos tenemos que financiar al Estado mediante el pago de impuestos –founders incluidos. Por ello, una solución intermedia, que permita recaudar recursos pero que además no acabe con el naciente ecosistema startup, sería que este impuesto al patrimonio fuera descontable sobre el impuesto de renta personal, que se cobrara sólo sobre un % del valor intrínseco (como en Noruega) o que no se le cobrara a los dueños de startups que están aún en fase pérdidas. Aunque no sería ideal, esta solución tipo “todos ponen” preserva el ecosistema mientras se financia al estado. El últimas, lo que el Presidente Petro y el Ministro de Hacienda Ocampo deben entender es que para que su economía del conocimiento prospere, se creen empleos bien pagos y el país se desarrolle no deben #MatarLaGallinaDeLosHuevosDeOro.

 


Mateo Castaño Sierra
@matecastano

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