El Niño se viene. Y nosotros, otra vez, sin aprender.
La comunidad científica lleva semanas observando con creciente preocupación las señales que emergen del Pacífico tropical.
11:15 a. m.
La NOAA ha confirmado la posible llegada de un "súper El Niño", el más fuerte en al menos una década, con temperaturas oceánicas que podrían superar en 2 grados Celsius el promedio histórico. No es un fenómeno nuevo. Lo vivimos hace apenas dos años. El problema es lo que hicimos, o dejamos de hacer, en el tiempo que tuvimos para prepararnos.
Más del 65% de la energía eléctrica de Colombia proviene de hidroeléctricas. En tiempos normales, eso nos da una de las matrices más limpias de la región. Cuando El Niño llega, esa misma fortaleza se convierte en nuestra mayor vulnerabilidad.
En 2024 lo volvimos a vivir. Los embalses bajaron y hubo regiones donde el precio de la energía se disparó más de un 200%. Una realidad que golpeó a familias y empresas por igual, sin que muchos entendieran siquiera por qué estaban pagando el triple.
Y el dato más revelador: durante la crisis de los embalses de marzo y abril de 2024, el país tuvo que generar el 47% de su electricidad con termoeléctricas. Es decir, la matriz se invirtió en cuestión de semanas.
El gas: el plan B que ya no existe
Cuando las represas no alcanzan, el sistema recurre a las termoeléctricas. Estas queman gas. Ese era nuestro colchón histórico ante la sequía. El problema es que ese colchón está roto.
Las importaciones de gas aumentaron un 166% en 2024, mientras la producción nacional cayó un 9%. El gas nacional cuesta alrededor de 6 dólares por millón de BTU; el importado llega a 15 dólares. Ese sobrecosto ya está en las facturas: en Bogotá el incremento fue del 36% en 2025. Y esto es solo el comienzo.
La ecuación para un año de sequía es brutal: embalses bajos → termoeléctricas activas → gas importado, escaso y carísimo → precio de bolsa de la energía por las nubes. Y los colombianos, pagando.
El problema no es de recursos, Colombia tiene gas en el subsuelo, sino del retraso en la ejecución de los proyectos para extraerlo. Los proyectos de renovables llevan años atascados. El megaproyecto Sirius, la gran esperanza gasífera del país, no tiene entrada prevista antes de 2029.
El costo que nadie ve porque nadie lo mide
La energía es el insumo de todos los insumos. Su encarecimiento se traslada a los alimentos, el transporte, la manufactura. La inflación energética es inflación a secas, y la más regresiva de todas.
Y sin embargo, la mayoría de empresas colombianas gestionan su energía con herramientas del siglo pasado. Sin visibilidad en todo momento. Sin entender sus perfiles y picos de consumo. Sin poder tomar decisiones de cobertura porque no tienen datos sobre qué cubrir. En un mercado donde el precio puede moverse 200% en semanas, navegar sin información no es ineficiente. Es temerario.
Los científicos ven en El Niño una paradoja: su previsibilidad nos da una ventana para prepararnos. La señal está ahí. Tenemos meses para actuar.
La pregunta es si esta vez decidimos movernos antes de que los embalses toquen fondo. O si, como siempre, esperamos a que se apaguen las luces para buscar el interruptor.