Ataques de pánico: qué son, síntomas y cómo calmar una crisis
El corazón se acelera, el pecho se oprime y surge un miedo irracional a perder el control.
Rafael Navas
08:59 a. m.
Los ataques de pánico son aterradores y suelen confundirse con infartos, pero no representan un peligro vital. Aprender a reconocer sus primeras señales y saber cómo actuar es fundamental para recuperar la calma, proteger su salud mental y ayudar a quienes lo padecen.
¿Qué es un ataque de pánico y por qué se confunde con un infarto?
Para muchas personas, experimentar un ataque de pánico se siente como una emergencia médica inminente. Se trata de una respuesta de miedo intenso y repentino del cuerpo, que se activa incluso cuando no existe un peligro real en el entorno. Por lo general, estos episodios alcanzan su punto máximo en cuestión de minutos y suelen durar entre 5 y 20 minutos, aunque la sensación de angustia puede prolongarse.
Damaris Ramos Vega, docente del programa de Psicología de Areandina en Bogotá, explica que el mayor problema radica en la interpretación de estas señales.
La persona siente algo intenso en el cuerpo y lo interpreta como una catástrofe inminente. Entender lo que está pasando ayuda a romper esa cadena
Cuando se comprende que el cuerpo solo está en un estado de falsa alarma, el nivel de terror comienza a disminuir.
Principales síntomas de un ataque de pánico: aprenda a identificarlos Saber leer el cuerpo es el primer paso para desactivar el círculo de la ansiedad. Los síntomas más frecuentes incluyen una mezcla de reacciones físicas y pensamientos abrumadores:
Palpitaciones fuertes o taquicardia acelerada.
- Sensación de ahogo o dificultad severa para respirar.
- Opresión en el pecho (razón por la que se confunde con problemas cardíacos).
- Sudoración excesiva, temblores y escalofríos.
- Mareos, náuseas u hormigueo en las extremidades.
- Pensamientos alarmantes: miedo profundo a morir, desmayarse o "volverse loco".
¿Cómo calmar un ataque de pánico? Técnicas que sí funcionan
Identificar el "preataque" es vital. Muchas veces el episodio avisa con una inquietud inicial o un cambio brusco en el ritmo de la respiración. En este punto, los expertos recomiendan no pelear contra la sensación. Exigirse dejar de sentir miedo solo aumenta el estrés.
La herramienta más práctica en este momento es la respiración diafragmática. El ejercicio consiste en inhalar lentamente por la nariz contando hasta cuatro, sostener el aire durante cuatro segundos y exhalar por la boca contando hasta seis. Este patrón envía una señal directa al sistema nervioso para que comience a regularse y apague el estado de alerta.
Qué hacer (y qué no) si alguien cercano tiene una crisis de ansiedad
La buena intención a veces empeora la situación. Si un familiar o amigo entra en crisis, nunca le diga "cálmate" ni "no es para tanto". Minimizar sus emociones o bombardearlo con preguntas sobre qué le pasa solo incrementará su angustia.
Lo ideal es ofrecer una presencia tranquila y sin juicios. Frases como "puedo quedarme aquí contigo" o "vamos a respirar juntos" son anclas poderosas. Además, puede aplicar la técnica de "enraizamiento" (grounding), pidiéndole a la persona que nombre cinco cosas que puede ver a su alrededor, cuatro que puede tocar y tres que puede escuchar. Esto obliga al cerebro a conectarse con el presente y salir de la espiral catastrófica.
Hábitos para prevenir la ansiedad y cuándo buscar terapia profesional
El estilo de vida juega un papel crucial. El consumo excesivo de cafeína, el alcohol, la falta de sueño y el estrés crónico son detonantes comprobados. Dormir adecuadamente y reducir los estimulantes baja significativamente el riesgo de sufrir estas crisis.
Sin embargo, si los ataques se repiten, si la persona comienza a evitar lugares por temor a que ocurran en público, o si el miedo altera su rutina diaria de forma constante, ya se podría estar hablando de un trastorno de pánico. En estos casos, la recomendación principal es buscar ayuda profesional; la terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser uno de los tratamientos más efectivos para recuperar la calidad de vida.