Perdón sin consecuencias
Para un club de la dimensión de Millonarios, una eliminación así debería provocar algo más que vergüenza durante un par de días.
02:38 p. m.
Millonarios protagonizó el pasado sábado uno de los papelones más grandes de los últimos años. El equipo dirigido por Alberto Gamero quedó eliminado de la Copa Colombia frente a Barranquilla FC, último de la segunda categoría del fútbol colombiano, después de no poder derrotarlo ni en los 90 minutos ni en la tanda de penales.
Para un club de la dimensión de Millonarios, una eliminación así debería provocar algo más que vergüenza durante un par de días. Y ahí está precisamente el problema: el perdón se volvió una costumbre, pero las consecuencias siguen sin aparecer.
El perdón ya no alcanza
Después de cada fracaso llegan las ruedas de prensa, las caras largas y las disculpas. Los jugadores asumen la responsabilidad, prometen que trabajarán para que no vuelva a ocurrir y agradecen el respaldo de una hinchada que, pese a todo, sigue llenando El Campín con más de 20.000 personas por partido.
Y sí, pedir perdón es lo mínimo. Pero ¿qué viene después?
El hincha puede perdonar una derrota. Incluso puede entender una eliminación dolorosa. Lo que empieza a ser difícil de perdonar es que todos los fracasos tengan exactamente el mismo desenlace: un “perdón”, una promesa y la sensación de que nada va a cambiar.
En Millonarios siempre aparece una explicación, una disculpa y la frase de que “esto no puede volver a pasar”. Lo que casi nunca aparece es una consecuencia real.
Ahora sí, no hay margen
Alberto Gamero regresó hace cerca de un mes y ya sufrió su primer gran golpe. Ahora el equipo debe concentrarse completamente en la Liga, donde clasificar a los cuadrangulares no debería presentarse como un objetivo extraordinario, sino como una obligación para una institución de su tamaño, especialmente después de los últimos semestres sin siquiera estar entre los ocho mejores.
Gamero y los jugadores necesitan hacer una autoevaluación inmediata. Pero esta vez no alcanza con reconocer el error. Hay que demostrarlo en la cancha y salir a buscar el título de fin de año.
Porque el perdón tiene sentido cuando viene acompañado de una consecuencia, de un cambio, de una reacción. De lo contrario, deja de ser un acto de responsabilidad y se convierte simplemente en parte del protocolo después de fracasar.
Y Millonarios ya ha pedido demasiadas veces perdón.