¿Por qué los dientes son tan sensibles a las bebidas frías?: un animal sería el culpable

El hallazgo de la investigación podría explicar por qué son tan sensibles al dolor y al frío.


Sensibilidad dientes
Foto: Freepik

Noticias RCN

AFP

mayo 21 de 2025
04:01 p. m.
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Durante años, el origen de los dientes ha sido un misterio para la ciencia. Su sensibilidad extrema, especialmente frente al dolor o a cambios de temperatura, ha desconcertado a investigadores y odontólogos.

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Sin embargo, un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de Chicago y divulgado en la revista Nature, plantea que esta característica no es un defecto, sino una herencia de estructuras sensoriales que se desarrollaron fuera de la boca, mucho antes de que existieran las mandíbulas o la masticación.

De hecho, los primeros "dientes" no habrían estado en la boca, sino en la piel de antiguos animales marinos.

¿Por qué los dientes son tan sensibles a las bebidas frías?

La investigación fue liderada por Yara Haridy, científica de la Universidad de Chicago, quien no se propuso inicialmente estudiar el origen de los dientes. Su objetivo era encontrar el fósil de vertebrado más antiguo.

Para ello, contactó a museos de todo Estados Unidos y solicitó una colección de ejemplares fósiles milimétricos, tan pequeños que podían caber en la punta de un palillo. Lo que Haridy halló al analizarlos con un escáner de alta precisión, la llevó por un camino completamente distinto.

Su foco se centró en la dentina, la capa interna de los dientes, que cumple un papel clave en la transmisión de estímulos al sistema nervioso. En su análisis, Haridy identificó un fósil del periodo Cámbrico conocido como Anatolepis, cuya estructura externa parecía tener poros ubicados bajo pequeñas protuberancias duras, llamadas odontoides.

Estos poros, denominados túbulos, sugerían haber contenido dentina, lo que implicaría que Anatolepis podría ser el vertebrado más antiguo.

Sin embargo, al compararlos con otros fósiles y especies actuales, Haridy encontró que estos túbulos se asemejaban mucho más a las sensilas, unos órganos sensoriales presentes en invertebrados como escorpiones, crustáceos o arañas.

Estos órganos son responsables de detectar temperatura, vibraciones o incluso olores, y llevan millones de años sin presentar mayores cambios evolutivos.

Ante estas similitudes, el fósil de Anatolepis fue reclasificado como un invertebrado. Pero este giro en la investigación abrió la puerta a una nueva teoría: los odontoides, estructuras duras similares a dientes, presentes en la piel de ciertos peces, no evolucionaron como herramientas de masticación, sino como sensores de su entorno.

Animal sería el culpable de la sensibilidad a la temperatura en los dientes

La evidencia se fortaleció con estudios realizados en peces actuales como tiburones, rayas y peces gato. En ellos, los investigadores hallaron nervios conectados directamente a estos “dientes externos” que cubren su piel, lo que les permite percibir el medio ambiente con alta sensibilidad. Estos dientes microscópicos le dan a la piel de estos animales una textura áspera, similar al papel de lija.

“La sensibilidad de los tejidos dentales externos en estos peces modernos demuestra que probablemente los primeros odontoides también tenían una función sensorial”, explicó Haridy a la agencia AFP.

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El hallazgo sugiere que, tanto los artrópodos como los primeros vertebrados, aunque evolucionaron por caminos distintos, desarrollaron soluciones similares para adaptarse a su entorno. En ambos casos, estructuras externas con funciones sensoriales fueron claves para su supervivencia.

Con el paso del tiempo, algunos peces desarrollaron mandíbulas. En ese nuevo contexto, estas estructuras duras comenzaron a ubicarse alrededor y dentro de la boca, adaptándose a funciones alimenticias. No obstante, su sensibilidad, una característica heredada de su origen sensorial, permaneció.

Así, lo que hoy conocemos como dolor de muela, una molestia común en humanos, sería en realidad una antigua señal de alarma evolutiva.

Un dolor de muelas es en realidad una antigua característica sensorial que puede haber ayudado a nuestros antepasados peces a sobrevivir.

El estudio no solo replantea cómo surgieron los dientes, sino que además sugiere que la incomodidad que sentimos al morder un helado o al tomar una bebida muy fría, podría tener su raíz en mecanismos de defensa desarrollados hace más de 500 millones de años.

En otras palabras, nuestra sensibilidad dental sería el legado de un sistema sensorial diseñado para detectar peligros, no para comer.

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