Saludjulio 24, 2021hace 2 meses

Conozca en qué consiste la hepatitis y cuáles son sus tipos

En ocasiones puede presentarse por contacto con sustancias tóxicas como drogas, bebidas alcohólicas o ingreso de microorganismos desconocidos al cuerpo humano.

Foto: Freepik Conozca en qué consiste la hepatitis y cuáles son sus tipos

Más de 200 personas en el mundo tienen hepatitis y desconocen tanto la gravedad de la enfermedad como sus tipos. 

Esta condición es definida como una inflamación en el hígado que dificulta el funcionamiento correcto del órgano. Puede presentarse de manera crónica, es decir, que se mantiene en el tiempo sin mostrar alguna progresión o aguda, que es cuando tiene un fin determinado. 

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La OMS (Organización mundial de la Salud) hace varios años lanzó una alerta sobre el porcentaje de muertes producidas por esta condición. Además, mostraba que las cifras en comparación a los fallecimientos por VIH o sida (virus de inmunodeficiencia humana) ya eran considerables. 

Algunas causas por las que puede presentarse son por contacto con sustancias tóxicas como drogas o bebidas alcohólicas y por el ingreso de un microorganismo desconocido al cuerpo humano. Su clasificación varía según la gravedad infecciosa y puede darse en diferentes tipos A, B, C, D y E.

Tipos de hepatitis

Tipo A: es considerada hasta el momento como la más infecciosa. Su sintomatología puede causar percepción de color amarillo en la piel y los ojos, orina de color oscuro, fatiga, dolor de estómago y constantes nauseas. 

Se caracteriza como una infección aguda, debido a que inicia de manera inesperada pero dura como máximo dos meses en el organismo sin afectar de manera directa al hígado. 

Comúnmente es causada por el consumo de agua mal tratada y alimentos contaminados con las heces o sangre de una persona infectada. Por ejemplo, cuando alguien que recientemente haya ido al baño y de inmediato manipule comida sin un lavado previo de manos. Otras vías pueden ser el uso de inyecciones compartidas, ingerir comida de mar cruda o el contacto con alguna persona infectada. Una manera de prevenirla es con la aplicación de la vacuna. 

Tipo B: a diferencia del tipo A tiende a ser crónica y durar en el cuerpo hasta 6 meses e incluso toda la vida, sin mostrar progreso. Por esta razón aumenta el riesgo a producir insuficiencia hepática, cirrosis o cáncer en el hígado. 

Este tipo de infección puede causarse por el contacto con la sangre, el semen o en encuentros de intimidad. Además, si una madre gestante tiene la enfermedad, se la transmite al bebé durante el parto. 

En el caso de la hepatitis B crónica, el uso de ciertos medicamentos reducen la progresión de la cirrosis y mejoran la expectativa de vida a largo plazo.
La vacuna ha tenido un 95% de análisis y protección durante 20 años, por lo que la OMS no considera necesaria una segunda dosis.

Tipo C: También es considerada una de las más peligrosas. En la mayoría de los casos es crónica y causada por el virus VHC que tiene distintos genotipos. Para su contagio existen vías como la realización de un tatuaje sin higiene adecuada, compartir objetos personales como cuchillas de afeitar y cepillos de dientes.

A diferencia de las anteriores no es común que un paciente presente síntomas y para su tratamiento existen medicamentos antivirales que la contrarrestan. 
Cuando ya se ha convertido en crónica, lo más probable es que sea necesario un trasplante de hígado debido a las complicaciones derivadas de la enfermedad.

Tipo D: Es un virus con moléculas de ARN que se manifiesta frecuentemente en pacientes que hayan presentado la hepatitis B.

Los síntomas son similares a los otros tipos de infección antes mencionados. Para su tratamiento recomiendan evitar el consumo de alcohol, tener una alimentación saludable y balanceada. Una manera de evitarla es vacunarse contra el tipo B.

Tipo E: Se presenta mayormente en países asiáticos y también es causada por el virus VHE. 

La mayor causa de contagio es el consumo de carne cruda, alimentos manipulados en condiciones no higiénicas y agua no potable. Esta infección es peligrosa para las mujeres embarazadas porque corren riesgo de muerte tanto para ellas como para sus fetos, por esto, es necesario hospitalizarlas en ocasiones. 

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Para su tratamiento es recomendado el reposo, una buena nutrición y evitar el uso de medicamentos no prescritos.

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