Colombianoviembre 16, 2021hace 6 meses

Arrecifes de coral: así funciona la magia protectora de la arquitectura marina ante los huracanes

A un año del huracán Iota, consultamos cuál es la importancia de los cuerpos coralinos en la protección de los territorios ante los fenómenos naturales.

La temporada invernal de 2020 trajo consigo la devastación de los vientos y olas huracanadas de Eta e Iota, dos fuertes tormentas de categoría cinco que golpearon contra el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Iota fue la más cruel, entre el 15 y 16 de noviembre dejó a su paso cerca del 98% de Providencia en ruinas y cientos de damnificados en la isla de San Andrés, sin contar las dos vidas que cobró su fuerza.

Sin embargo, algo curioso se esconde tras la diferencia de intensidad con la que la tormenta azotó las dos islas; la respuesta está en los cuerpos coralinos que habitan esta región del Caribe colombiano, unos de los más desarrollados y extensos de la zona.

¿Pueden los arrecifes proteger las islas del impacto de un huracán?

Según Juan Armando Sánchez, biólogo marino, profesor de la Universidad de los Andes y miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales, los cuerpos coralinos tienen la capacidad de proteger las islas debido a que cuentan con “una estructura colosal construida por el carbonato de calcio de los esqueletos coralinos que se extiende 100 o 200 metros hacia el mar”, es así como al golpear en los arrecifes, la energía de las olas disminuye en un alto porcentaje.

Por otro lado, Mateo Córdoba, vocero de la iniciativa Seaflower en San Andrés, añade que las estructuras coralinas que pueden ser consideradas como “grandes ciudades bajo el agua”, además de albergar más del 50% de la vida marina, reciben la fuerza de las olas convirtiéndose en el escudo perfecto de las islas.

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Finalmente, Sánchez indica que la barrera coralina, al encontrarse en la zona conocida como barlovento, es decir por donde llega la acción directa del viento y las olas, pudo proteger a la isla de San Andrés ya que el huracán se acercó por ese costado, “mientras que en Providencia llegó por el lado de sotavento, en donde no hay arrecifes tan desarrollados”, lo que explicaría la diferencia en la magnitud de los daños entre ambas islas.

Foto: Juan Armando Sánchez
Foto: cortesía - Juan Armando Sánchez.

Pero, ¿cuál es el precio que pagan los ecosistemas al cumplir esta función protectora frente a la devastación de un huracán?

Sánchez sostiene que estas tormentas pueden llegar a ocasionar graves daños en el ecosistema coralino, sin embargo, afirma que al ser estructuras que vienen construyéndose durante los últimos 100 mil o 200 mil años, hay un gran porcentaje de roca que no alcanza a  sufrir con el huracán. 

No obstante, “la parte de comunidad de corales viva sufre bastante, en especial porque algunos que se sueltan siguen rodando con las olas y van destruyendo otros y el efecto abrasivo también genera un daño enorme. Estos ecosistemas se benefician muchas veces (así como el fuego es necesario en muchos ecosistemas para que no haya monopolio de algunas especies). Los huracanes y las tormentas también son parte de esa necesidad de depurarse del ecosistema”. 

Aún así hay algo preocupante dentro de esta cadena que pareciera ser un ciclo natural y necesario, casi de mutualismo, en el que la tranquilidad necesita del caos para poder subsistir y es que, debido al aumento del vapor de agua en la atmósfera, el cambio climático y el incremento de la temperatura, las tormentas se hacen cada vez más frecuentes generando daños casi crónicos que dificultan el proceso de recuperación de los arrecifes.

Foto: Juan Armando Sánchez
Foto: cortesía - Juan Armando Sánchez.

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¿Y qué tiene que ver el ser humano en esto?

Tenemos todo que ver. 

Cada día es más preocupante para los expertos el daño casi irreversible que le hemos ocasionado al planeta con hábitos inconscientes e indiscriminados, abusando de los recursos y provocando el posible fin de la vida como la conocemos.

Por su parte, Sánchez resalta que en la actualidad el mayor impacto en los arrecifes coralinos está relacionado con el cambio climático y el calentamiento del agua. “Estamos viendo los efectos de esto desde la década de los 80, mientras en algunos ecosistemas terrestres eso se ve como algo a futuro, el cambio climático en el océano es algo del pasado. Hasta que no se detengan las emisiones de gases de efecto invernadero, el estrés de los arrecifes de coral seguirá y ellos cada vez tienen una cobertura menor a nivel mundial”.

Además, puntualiza que si bien los ecosistemas tienen mecanismos de resiliencia que les permiten volver a su condición original después de fuertes disturbios, la pérdida de la integridad trófica del ecosistema hace que estos no puedan recuperarse. Dicha pérdida puede darse por la sobreexplotación de las especies que genera un desequilibrio en todo el hábitat. 

Por otro lado, Sánchez añade que “muchos sistemas coralinos reciben descargas de agua continentales como los que están en la costa caribe, las islas del Rosario, San Bernardo, que son receptores de aguas cargadas de nitrógeno y fósforo y esto hace que los competidores de los corales, como las algas, puedan adquirir esos nutrientes y crecer más rápido”.

Foto: Juan Armando Sánchez
Foto: cortesía - Juan Armando Sánchez.

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“Pequeñas acciones generan grandes cambios”

Aunque todo parezca oscuro, siempre queda un rayo de esperanza que nos puede ayudar a salvar la magia de lo que nos protege. Desde las pequeñas acciones podemos contribuir al cuidado de los cuerpos coralinos, aún estando lejos de ellos. 

Sánchez explica que aunque creamos que desde la ciudad no se puede hacer mucho por los arrecifes, nuestras acciones repercuten sobre ellos más de lo que podemos imaginar. “Realmente todo lo que va por las alcantarillas va a dar a los océanos. Entonces todo lo que uno pueda hacer por no contaminar las aguas, va a redundar en un beneficio en el océano. También volver a las fibras naturales y eliminar los microplásticos de nuestros hábitos de consumo puede hacer que esas sustancias no lleguen al mar. Todo lo que usted pueda hacer en pro del ambiente, va a beneficiar a los arrecifes coralinos”, puntualiza el experto.

Una radiografía del mundo coralino en Colombia

Colombia tiene arrecifes coralinos en sus dos océanos, la mayoría de ellos ubicados en el Mar Caribe. Los del Océano Pacífico, a pesar de ser pocos, son de gran importancia pues son el hogar de especies que se comparten biogeográficamente con otros lugares apartados del mundo. Entretanto, en el Mar Caribe los arrecifes se extienden a lo largo de la costa del Parque Tayrona, las Islas del Rosario y San Bernardo hasta el golfo de Urabá. Allí, la zona con mayor desarrollo es la que comprende el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, en donde se encuentran los arrecifes de tipo atolón como los cayos de Albuquerque, Bolívar, Serrana, Roncador y Quitasueño.

Foto: Juan Armando Sánchez
Foto: cortesía - Juan Armando Sánchez.

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¿Hay posibilidades de que la costa colombiana vuelva a ser azotada por un huracán?

Para Mateo Córdoba las probabilidades son muy altas, pues explica que las temporadas de huracanes en el Caribe son cada vez más frecuentes. “Cada año el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos hace una lista de nombres de la A a la Z, sin embargo, el año pasado esa lista se agotó. Fue tal la intensidad de las tormentas tropicales en el caribe que tuvo que volver a empezar el conteo y cuando esto pasa se usa el alfabeto griego, por eso llegamos a Eta e Iota”.

“Esto quiere decir que la actividad de huracanes cada año es mayor, y esto responde directamente a los cambios en el calentamiento global que hacen más propensa la formación de las tormentas”, concluye el vocero asegurando que la degradación ambiental del Caribe es cada vez más crónica, así como la pérdida acelerada de los cuerpos coralinos a nivel mundial. 

La respuesta no es enfriar el agua, es enfrentar conjuntamente el reto. Todos los países actúan desconectados aún cuando la amenaza de sufrir un huracán siempre está latente. Lo importante es generar acciones para que su paso no genere los estragos devastadores que dejó Iota”, puntualizó.

Foto: Juan Armando Sánchez
Foto: cortesía - Juan Armando Sánchez.

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