¿Cómo volver la ayuda a los demás en una vocación y estilo de vida? La historia de Marcela Dávila
Marcela Dávila, la directora de la Fundación Promigas, estuvo en Mujeres Que Inspiran.
En Colombia, donde las oportunidades de desarrollo social siguen siendo un desafío para miles de familias, el trabajo de Marcela Dávila Márquez está marcando una diferencia tangible. Esta barranquillera encontró en el servicio comunitario su verdadera vocación, transformándola en una misión de vida que hoy impacta diversas regiones del país.
“Uno de los mensajes que desde niña en mi familia me han inculcado es que uno tiene que siempre servir a los demás y poner todo ese conocimiento y todas las oportunidades que la vida le ha dado a uno a disposición de los demás”, afirmó Dávila.
Su familia es el motor
Este principio familiar se convirtió en el motor que guiaría su trayectoria profesional, aunque inicialmente transitó por caminos diferentes como la comunicación y la gestión cultural.
El punto de inflexión en su vida ocurrió durante su reinado como reina del Carnaval de Barranquilla, cuando coincidió con la ruptura del boquete del sur del Atlántico: “Todo el sur del departamento sufrió una gran inundación y ese año el carnaval se denominó el carnaval solidario. Entonces, básicamente, el rol de la reina del carnaval era mucho acompañar, llevar donaciones, acompañar en los refugios a todas las personas que se habían visto afectadas”.
Es directora de la Fundación Promigas
Esa experiencia directa con las comunidades afectadas y su resiliencia despertó en ella la certeza de dedicar su vida al servicio social. Desde hace cinco años, Dávila Márquez lidera la Fundación Promigas, desde donde impulsa programas enfocados en acompañar a comunidades de jóvenes y especialmente a mujeres emprendedoras que buscan transformar su realidad económica.
Los resultados de este trabajo son evidentes en testimonios como el de una beneficiaria. “Muchos de nosotras no contábamos con estas herramientas y hoy vamos a poder expandir más el negocio, más la productividad porque son cambios que son expectativas muy buenas para nuestra generación que viene ahora en adelante”, explicó.
Otra participante, quien se identifica como agricultora, expresó: “Jamás pensé llegar a estar cultivando en mi propia casa. Eso para mí, para mi familia, es una seguridad alimentaria”.
Lo que nosotros buscamos es ser esa buena energía que impulsa desarrollo porque la fuerza y las ganas las tiene cada persona por dentro. Nosotros, considero que somos un instrumento que ayuda a que cada persona saque su mejor versión.
Las cifras respaldan el alcance de su gestión: más de 450 jóvenes becados, cientos de emprendimientos acompañados y miles de familias beneficiadas a través de los diversos programas de la fundación.

