Conmovedora historia del suboficial Ramos, radarista de hielo en el ARC Simón Bolívar
La expedición completó su día 64 y ya pisó suelo firme. Las historias son emotivas.
El buque de investigación científica ARC Simón Bolívar de la Armada alcanzó los 64 días de navegación hacia la Antártida, donde continúa desarrollando actividades científicas y de intercambio con bases internacionales en el continente blanco.
La embarcación permanece fondeada en aguas de Bahía Fildes, un punto estratégico que recibe cientos de cruceros durante el verano austral. Durante su recorrido por la isla Ford, en Villa Las Estrellas, el equipo fue recibido en la base científica Antártica Artigas de Uruguay, una instalación que opera todo el año.
La magia detrás de la base en Uruguay
El capitán de Corbeta Bruno Delgado, responsable de la base uruguaya, explicó: “Actualmente somos 63 personas en base, y en la campaña de invierno nos quedamos ocho personas a cargo del mantenimiento y del soporte logístico de la base”. Además, expresó su satisfacción por recibir a la delegación colombiana: “Un gusto y un honor para nosotros haberlos recibido en esta base científica de Uruguay”.
La zona donde se encuentra el buque es particularmente relevante para la investigación antártica, dado que alberga múltiples instalaciones científicas de países como Corea del Sur, China y Chile. El Instituto Antártico Chileno y la Fuerza Aérea de Chile mantienen operaciones permanentes en el área.
Uno de los tripulantes destacados de esta expedición es el suboficial primero Luis Alberto Ramos González, el único radarista de hielo de la Armada Nacional. Es hijo de un peluquero de la Escuela Naval de Cadetes en Cartagena y miembro de la primera tripulación del ARC Simón Bolívar.
¿Quién es el suboficial primero Ramos?
En la Antártida nos encontramos con dos diferentes tipos de hielo, que son los hielos estacionales, que no representan grandes peligros para la embarcación, y están los hielos milenarios, que son hielos bastante compactos, que sí pueden generar un peligro para el casco del buque.
El radarista, quien vive prácticamente en el puente de mando, es responsable de interpretar cada punto en las pantallas del radar, distinguiendo entre tierra firme, hielo estacional e icebergs peligrosos. Esta es su segunda experiencia en el continente blanco, aunque asegura que cada día es distinto y cada maniobra es una nueva aventura.
Detrás de cada tripulante hay historias de sacrificio familiar. Diana, esposa de Ramos, representa a los miles de familiares que aprenden a resistir la ausencia. Tras 13 años de matrimonio y dos hijas, ha asumido el rol de madre y padre durante las navegaciones de su esposo.

