Colombiamarzo 05, 2022hace 2 meses

“La deuda se pagaba con 300 clientes”: relato de colombiana víctima de explotación sexual en Indonesia

Varias mujeres pudieron escapar de una red de trata de personas que las explotaba sexualmente en Yakarta para pagar una deuda.

En el proceso de reconstruir los entramados de la red de trata de personas que absorbió a varias mujeres, Reportajes RCN primero estuvo en Cali, Buga, Palmira y Tuluá, en Valle del Cauca, donde conversó con algunas de ellas y con autoridades que han estado al frente de la investigación.

El siguiente paso fue un viaje a Indonesia, en el sudeste asiático, donde recorrió sectores que se volvieron habituales para las víctimas y recogió otros impactantes testimonios. Una de ellas relató que al llegar la llevaron a trabajar en la calle:

Había una mafia china cuidando de que trabajara, que subiéramos al hotel con los clientes para quitarnos la plata al salir

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Añade que "para poderme hacer 100 dólares diarios me tocaba estar con 20 hombres (…) Allá trabajábamos día, tarde y noche. No salíamos, no nos dejaban salir ni a la puerta. Teníamos que estar maquilladas las 24 horas del día y vestidas”.

Entre los cabecillas de esta red hay dos colombianas: Martha Lucrecia Hoyos Llanos, alias María, y que Luz Milena Giraldo, alias Valentina. Las dos, con sus respetivos esposos de origen asiático, son el terror de jóvenes que caen en esta trampa.

“Al llegar a Singapur me estaba esperando María, fue la que me recogió al llegar allá, empecé a sentir miedo. Ella me montó en un taxi, me pidió los dólares, el pasaporte y los tiquetes de regreso”. 

Son mujeres de barrios vulnerables, de municipios intermedios, que comparten la precariedad en su situación económica y una visión nada halagüeña para el futuro. Es lo que creen desde niñas y lo que finalmente obtienen. Cuando empiezan a ser contactadas, la mayoría sabe que irá a ejercer la prostitución, aunque muchas nunca lo hayan hecho.

“Era mamá soltera, respondía por mis hermanos, por mi hijo, por una casa completa, no tenía trabajo, por más hojas de vida que entregaba no me llamaban. Estaba pasando por una mala situación”, dice una de las víctimas.

La 'telaraña' de la trata de personas

El panorama que les pintan les hace creer que en poco tiempo tendrán un capital para lanzar el salvavidas a su familia y comprar la casa o aquello con lo que soñaron sin creer que lo podrían alcanzar en condiciones normales. También son alentadas por lo que les dicen otras mujeres que ya están en países del sudeste asiático con quienes las redes las ponen en contacto. 

“Me llamaron y me mostraron el lugar, me mostraron la playa”, recuerda. 

La abogada Alba Liliana Sánchez, radicada en Yakarta, y quien ha tenido contacto con varias de ellas, explica que estas mujeres “son vulnerables, son muchachas que han venido por necesidad, no porque les guste la clase de vida, o esta clase de trabajo”.

Esa vulnerabilidad las convierte en presas relativamente fáciles del entramado que inicia con la captación, primer paso en el delito de trata de personas, delante del cual va el engaño. 

El psiquiatra de Medicina Legal, Gustavo Ballesteros, describe la situación así: “La telaraña está montada y está organizada a tal punto que la víctima no se vislumbra hasta que ya está envuelta completamente, pero desde el principio, ella es una víctima. Estas mujeres son puestas en situación de ser cosas, les quitan la humanidad y ellas se representan en algún punto desde su desesperanza como que perdieron hasta eso: no soy humana”.

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Hay otro factor que permite atraerlas y es la cercanía de quienes las buscan, pues viven en el mismo municipio, o vecindario. En muchas ocasiones son familiares de otras que ya fueron captadas o ellas mismas han regresado de la travesía por Indonesia y otros países del sudeste asiático, y en adelante se dedican a buscar “candidatas”.

Por ejemplo, en El Cerrito había una red familiar con madre, hija y una tía dedicadas a la captación de mujeres para ir a Indonesia, que exhibían a las interesadas la casa que construyeron con el dinero que una de ellas había ganado en ese país. 

Las víctimas van camino a la esclavitud

Una de las captadoras les habló de un pago de 900 dólares por “servicio” y reconocía que a ella le pagaban un millón de pesos por cada mujer que lograra enviar, además de un viaje gratis y un porcentaje por lo que su recomendada ganara en prostitución. 

“Hubo muchas mujeres que viajaron y pagaron su deuda y llegaron con plata, entonces vendían esa imagen: yo fui a China y trabajé y vine con plata, y se volvían como el referente de las otras muchachas, de otras mujeres más jóvenes”, explicó Elmer Sánchez, investigador del Grupo de Trata de Personas de la Dijín.

Les pintaban y probablemente les siguen pintando “pajaritos en el aire”, como la gruesa suma que supuestamente ganan por cada hombre con el que accedan a tener contacto sexual, pero omiten información de peso.

“No le dijeron que el horario era de 12:00 del día a las 5:00 de la mañana, no le dijeron que tenía que acceder a lo que los clientes quisieran, bien o mal pero que tenían que hacerlo. Tampoco le dijeron que si usted no quería acceder a este tipo de relaciones iba a tener una multa, que además todo lo que cuesta el pasaje, la plata que le dieron, todo lo que invirtieron tendrían que devolverlo allá”, señala Deisy Jaramillo, Directora Contra las Violaciones de Derechos Humanos de la Fiscalía.

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Atraídas por la ilusión de cambiar sus condiciones de vida, aceptaron marcharse hacia lo desconocido, como recuerda otra de las vallecaucanas que se liberó de la explotación sexual.

“Me llamó María directamente, era la una de la mañana y me dijo arreglar maletas, lo más poquito que usted pueda y vaya hasta Buga, y ahí empezó todo”.

No todas las interesadas clasifican para la “oferta” de trabajo. Antes pasan por un proceso de selección con envío de fotografías al exterior, desfiles privados en casas de sus pueblos y algunos exámenes. La mayoría de seleccionadas era de tez blanca, con pocos tatuajes, y gustaban mucho las de ojos grandes.

“Ellos examinaban hasta el tamaño de sus senos, que fueran blancas y con el cabello un poco más claro, porque si eran morenas aplicaban producto para blanquear su piel”, dice la fiscal Deisy Jaramillo.

Algunas cuentan que la oferta no incluía claramente la prostitución que terminaron ejerciendo, además de las condiciones que las golpearon en lo más profundo de su ser.

Me dijo que me iba por tres meses, que iba a trabajar en un karaoke atendiendo mesas, sirviendo bebidas y que mi sueldo no iba bajar de 10 millones de pesos porque la gente allá era muy amable”.

Trata de personas en Indonesia

El psiquiatra Gustavo Ballesteros explica que, aunque todavía se les ofrecen trabajos como meseras, niñeras o telefonistas hay una modalidad más frecuente: “se les dice que van a ejercer prostitución, pero con unas condiciones muy específicas, les pintan la idea que van a escoger sus propios clientes, van a decidir los días que van a trabajar. Se les dice que van a tener unas deudas muy mínimas, solo del transporte, lo que cuesta el tiquete, o los trámites de pasaporte o visado.”

De acuerdo con investigadores de la Dijín muchas de estas jóvenes no dimensionan cuando llegan a Indonesia y a otros destinos del sudeste asiático la explotación a que las someten pues terminan pagando dos, tres, o hasta cuatro veces la suma que les prestaron para realizar el viaje. Esto configura la trata de personas por la explotación en la que caen.

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“Le escribí a María que ya me quería devolver a Colombia, y ella me dijo que no, que hasta que no le terminara de pagar, y ya eran cuatro años que yo trabajaba y nunca le pagué. Entonces le escribí ¿Cuándo le voy a pagar? Y ella me dijo, hasta el último peso”, exclama con dolor una de las entrevistadas. 

También puede ocurrir que los cabecillas de la red les condonan la deuda, o le restan a esta, cuando ellas captan a otras mujeres para que trabajen bajo sus órdenes. Es decir, pasan de víctimas a victimarias. 

Las “jefes” colombianas

El negocio de la trata de personas es billonario. Se habla de utilidades de 99.000 millones de dólares cada año para mafias como la rusa, la tríada China o la Yakuza. Está conformado por cientos de organizaciones, y una de estas fue la que captó a las mujeres del Valle del Cauca. Opera bajo órdenes de otras con más poder, como ocurre en el crimen transnacional. 

El investigador de la Dijín Elmer Sánchez señala que “se pudo establecer que habían ingresado al país más de 5.000 millones de pesos en giros de esta organización, de Indonesia y Filipinas”.

Para las autoridades colombianas hay dos figuras muy llamativas en el entramado que captó a las vallecaucanas. Se trata de dos coterráneas: Martha Lucrecia Hoyos Llanos, tolimense de 64 años, y quien lleva unos 40 viviendo entre Singapur y Filipinas, a quienes todos conocen como ‘María’. La otra es Luz Milena Giraldo, alias Valentina.

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A la primera la señalan como jefe de la organización criminal trasnacional que desde 1989 lleva a colombianas para ejercer la prostitución ilegal y forzada. Está casada con Roger, proxeneta filipino quien tiene a cargo un segmento de este ‘negocio’ en el sudeste asiático.

Las jefes colombianas de la trata de personas

A ‘María’ se le atribuyen casos de maltrato y castigo a las jóvenes como la rotación por los países asiáticos con mayor riesgo para ejercer como trabajadoras sexuales: China, Taiwán, Singapur. Se habla de agresiones muy graves cometidas por esta “manager” como el de la mujer a quien obligó a inyectarse biopolímeros para aumentar el volumen de los pechos y que terminó en infección y mastectomía. 

“Ella fue víctima, se empieza por ahí siempre ¿No? Las personas que la han conocido en ese mundo han dicho que sí, que es verdad, que ella es una de las muchachas y que ella cobra puntos, ella pone sanciones”, explica la abogada Alba Liliana Sánchez. 

Luz Milena Giraldo, alias Valentina, está casada con Rudy Sutio, indonesio a quien todos conocen como ‘Aquín’, encargado de manejar a las jóvenes que trabajan en los hoteles de lujo, oficio en el que su esposa le ayuda a llevar cuentas, incluidas las deudas que adquieren las mujeres explotadas por tiquetes, visados y exámenes.

Solo me enteré por las compañeras que la deuda se pagaba con 300 clientes

Entre las garantías que emplean los proxenetas para el pago de esa deuda por parte de las víctimas está la retención del tiquete de regreso y el pasaporte: “Teníamos el pasaporte mientras que pasábamos la migración y ya cuando íbamos saliendo a la puerta nos lo quitaban. Solo nos daban unas fotocopias, por si nos paraba la Policía”.

Aunque en Yakarta la prostitución es un delito, se ejerce a la vista de la ciudad y de la autoridad, como reveló la investigación de una periodista indonesia. Uno hoteles a los que fueron enviadas las colombianas es el Malioboro, ahora llamado Malio.

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“El hotel era una discoteca y en la parte de abajo tenía habitaciones. Cuando llegaban los clientes ellos nos pedían, nos hacían llamar, e íbamos todas de todos los países. Había rusas, chinas, tailandesas, locales. También tenían karaokes. Eso era bar restaurante”, explica una de las mujeres que fue explotada. 

Trata de personas en Indonesia

Algo que llamó la atención de los investigadores de la Dijín es que los funcionarios de migración iban directamente al sitio donde las mujeres permanecían a puerta cerrada para tomarles la foto y ampliarles la visa. 

Fugarse, la única opción

Muchos pensarán que era posible huir de las redes, y esta opción pasaba por la cabeza de muchas, sin embargo, rondaban las amenazas.

“Porque de pronto nos hacían algo y pues lo que le daban a entender a uno era que le hacían lo peor”. 

Algunas amenazas se convirtieron en agresiones y en tentativa de homicidio: “A una de mis amigas la intentaron ahorcar, a otra compañera le pusieron púas en los senos que porque decía que tenía bastante busto”.

Las intimidaciones también podían ir dirigidas a sus familias, a las que tenían identificadas porque, como se explicaba, estas mujeres son contactadas en pueblos y vecindarios donde todos se conocían. Pese a todo, a dos de ellas, en distintos lugares de esa región de Asia, les llegó la que parecía ser única oportunidad de escapar, y no la desaprovecharon. 

En 2010, cuando ni siquiera las Naciones Unidas tenían reportado que desde Suramérica y hasta el sudeste asiático y el Pacífico llegaban víctimas de trata y explotación sexual, dos lograron escapar. Una de las fugas comenzó cuando una de las mujeres vio un mensaje que fue la señal de máximo peligro.

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“Por el teléfono de uno de mis jefes, que era uno de los que me accedía, yo vi las fotos de las muchachas y me di cuenta lo que estaban haciendo en ese tiempo, y era negociando nuestra estadía en el barco”. Se refiere a que iban a ser enviadas por 20 días a una embarcación en condiciones de las que quizá no volverían con vida.

Después de contarles a varias de sus compañeras, reunieron propinas, hicieron contactos y gracias a un amigo que les hizo el puente con el cónsul en Yakarta fue guiada para escapar tomando un bus y luego un vuelo. Así salió del pueblo donde estaba y pudo contar a oficiales de la Interpol del peligro que corrían sus amigas y cinco fueron rescatadas.

Otra colombiana encontró apoyo en un hombre que pagaba por el contacto sexual con ella. “Yo le contaba todo y él me averiguó la dirección de la embajada y el número del teléfono. Salí y cogí taxi. Me llevó hasta la embajada, hasta el consulado. Allá me recibió la cónsul y le conté todo lo que estaba pasando y ella me ayudó. Después de ahí me di cuenta que salieron muchas más”.

Gracias a los testimonios de estas mujeres y también al rastreo que se hizo del dinero que envían a terceros, se pudo develar la operación de la red Indonesia, aunque este es solo uno de los ejes de prostitución forzada en Yakarta. Delito tras del cual estaría implicada una sociedad que maneja los hoteles Malioboro, entre otros. 

Las dos colombianas señaladas de ser parte de las redes en las que cayeron las vallecaucanas de esta historia, son buscadas por la Interpol. Además, a través de su embajada en Indonesia, el país avanzó en un borrador de memorando de entendimiento para la cooperación judicial que permitiría pedir a los esposos de estas sindicadas.

Aunque alias Valentina está punto de ser condenada por el delito de trata de personas en un juicio que lleva casi tres años, no ha respondido al llamado de la justicia de ninguna forma. Entre tanto, quienes han regresado porque pagaron su deuda a las redes o porque escaparon, intentan reconstruir su vida.

“La frustración con la que uno queda como mujer, más que el daño físico es el daño emocional. La incapacidad para uno verse ahí encerrado y ver que, pues, que después de eso no hay nada más”.
 

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