Colombiaseptiembre 19, 2022hace 14 días

Cinco años en una guerra contra el tusi: la historia de una madre y su hijo adicto a la droga

Conozca la historia de una tragedia familiar que empezó con una advertencia pasada por alto cuando la víctima del 2CB tenía tan solo 15 años.

Esta historia, que podría ser la de cualquier familia, tiene dos víctimas: Sebastián, que a los 19 años deambula por las calles, y su mamá, que, pese a todos los intentos, se rinde por la idea de haber perdido la pelea ante la ‘maldición rosa’.

La tragedia familiar empezó con una advertencia pasada por alto cuando Sebastián tenía tan solo 15 años.

“Un día uno de esos chicos, de los amigos de su infancia, generó una alarma y me contó, me dijo que Juan (Sebastián) había empezado a consumir y que por eso ellos se habían alejado de él”, relató Diana Catalina, mamá del joven.

Sebastián recién había empezado la época de las fiestas y su mamá ya se debatía entre hacerle caso a los rumores o creer a ciegas en lo que su hijo le decía. Sin embargo, escogió la segunda.

"Cuando yo abordo a mi hijo, él me indica que solamente había probado, pero que él en medio del entorno en el que se movía, no quería consumir ni lo iba a hacer. Yo le creí”, dijo.
 
Con la velocidad de un viaje psicodélico la vida les cambió. Sebastián, quien estudiaba en un colegio de clase alta, cambió de amigos, transformó su comportamiento, dejó de ser el niño amoroso y pese a todo eso, su mamá se negó a creer que un mal los acechaba.

“Le faltaban dos años en el colegio y él empezó a tener problemas con el coordinador de disciplina. Yo siempre fui muy protectora de mi hijo y cuando él empieza a tener problemas, pues yo le creí a mi hijo que era que el coordinador no lo quería”.
 
Desde entonces han pasado algo más de 3 años, ahora las batallas no son contra el coordinador estudiantil. Desde el principio hubo un enemigo poderoso, en la calle lo llaman “tusi”, lo conoció en el colegio y concretó su relación con él en esas fiestas que parecían inofensivas.

“En medio del entorno de rumba en el que ellos se movían, que son rumbas electrónicas, ya después de un tiempo me enteré de que lo que hacen es alquilar casas o mansiones por Airbnb y están noches enteras, como internados en esa rumba. En ese lugar hay expendio de drogas, hay prostitución y pueden entrar menores de edad, porque en su momento mi hijo era menor de edad”.

El 2CB es una droga sintética, en el argot de las fiestas y de manera equívoca llamada “cocaína rosada”. 
“Unos jóvenes incautos creen que esta es la última tendencia en materia consumo de drogas y que efectivamente llegan a unas dependencias muy complicadas”, explicó el fiscal José Manuel Martínez.
Se trata de ketamina mezclada con anilinas de panadería y otras drogas de tipo farmacéutico utilizadas en tratamientos humano o veterinario.

El coctel venenoso se convierte en un polvo que es ofrecido a decenas de jóvenes como el tiquete a un viaje tentador.

El 2CB Se encuentra principalmente en polvo, pastillas y en otras ocasiones macerada, para poder consumirla de forma muy similar a la cocaína (intravenosa).

Los colores de la droga la hicieron atractiva para adolescentes y jóvenes universitarios, una moda que desde el primer contacto transforma al consumidor.  

Expertos señalan que el consumo excesivo de 2CB puede acarrear distintas consecuencias como comportamientos altamente excitantes y, dependiendo de las características de la personalidad de la persona, puede resultar en reacciones agresivas.

Diana Catalina entendió la magnitud de la situación cuando su hijo ya era un desconocido, pues se volvió “hostil y agresivo. Al punto en el que yo empecé a ceder por miedo, es decir, si no le permitía algo, él rompía una puerta de la casa, si pasaba algo que lo ponía en evidencia, entonces me insultaba y me escupía o hacía escándalo y los vecinos escuchaban”.

Esta mamá recuerda al Sebastián, honesto, sencillo y cariñoso el que se perdió en ese polvo rosa.

“Me gustaba mucho la personalidad de mi hijo, pero empezó a tornarse hostil, ahí ya lo confronté, y pues me dijo: sí, yo fumo marihuana, pues normal. y empieza a tener unos comportamientos agresivos conmigo”.

Aunque el 2CB ganó fama como una droga para ricos, su poder real no distingue estratos. La tragedia es la misma en cualquiera de las adicciones.

“La familia sufre muchísimo, sufre como con cualquier otra adicción un deseo constante, en una lucha constante porque la persona abandone el consumo de la sustancia, porque la persona que ya queda inmersa dentro del consumo vive en función del 2CB, de la noche, de las luces, de la aparente rumba”, explicó el coronel Alfredo Bettin.

A Sebastián se la ofrecieron a los 15, le hicieron creer que con ella, además del viaje psicodélico, compraba aceptación, por lo que mordió el anzuelo y con él, los traficantes también engancharon a quienes lo aman.

“Debí, en diferentes ocasiones, no solamente yo, sino familiares, acompañar a mi hijo a pagar deudas, algunas de 300.000, otras de 200.000, otras de millones, asociadas al consumo, y se hacían los pagos por miedo a que a él le pasara algo. Mi hijo vendió todo, todo lo que él tenía”

En la mitad de esta relación dolorosa entre madre e hijo hay un tercero. Una poderosa banda, cuyos ‘dealers’ son jóvenes como el propio Sebastián, iniciados en el mundo criminal desde la adolescencia, entrenados para convencer a otros, apostados a las afueras de centros comerciales, tan cerca de sus hijos como lo es un simple mensaje de WhatsApp. 
 
“Es una verdadera bomba lo que tienen los componentes de esta droga este 2CB y todas las drogas sintéticas”, señaló el fiscal José Manuel Martínez.

Se trata entonces de una amenaza que esconde uno de los entramados narcos más peligrosos de la actualidad. Como Dian Catalina, muchos padres desconocen que, disfrazados, el ‘tusi’ y sus vendedores, pueden tocar a sus puertas.

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