Narcotráfico: el motor económico y de conflicto en el Catatumbo
El abandono estatal, la falta de infraestructura y la ausencia de proyectos sostenibles han dejado a los campesinos sin alternativas.
Noticias RCN
04:24 p. m.
El Catatumbo, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado en Colombia, sigue siendo escenario del narcotráfico como principal motor económico y fuente de violencia.
La siembra de hoja de coca, que se ha expandido de 5.000 hectáreas en los años noventa a cerca de 50.000 en la actualidad, fortalece las estructuras criminales que aprovechan el paso fronterizo con Venezuela para movilizar toneladas de droga hacia el exterior.
El abandono estatal, la falta de infraestructura y la ausencia de proyectos sostenibles han dejado a los campesinos sin alternativas viables.
Mientras los cultivos legales se pierden por la carencia de vías y sistemas de riego, los grupos armados ilegales promueven la coca como fuente de ingresos, presentándose incluso como benefactores de la comunidad al construir puentes o repartir regalos, todo financiado por economías ilícitas.
Fracaso de los programas de sustitución
Durante al menos cinco gobiernos, Colombia ha intentado erradicar los cultivos ilícitos en el Catatumbo mediante estrategias que van desde la erradicación forzada hasta la sustitución voluntaria y los incentivos económicos.
Sin embargo, los programas han tenido poca eficacia. La falta de continuidad y de una cadena productiva sólida para los cultivos legales hace que los campesinos regresen a la coca una vez terminan los apoyos temporales.
Proyectos como “Renacemos Catatumbo” o la llamada “vía de la paz” han cambiado de nombre en múltiples ocasiones, pero no han logrado transformar la realidad de la región. La ausencia de carreteras y de infraestructura básica impide que los productos agrícolas lleguen al mercado, perpetuando la dependencia de la coca.
Una economía ilegal que financia la guerra
El narcotráfico en el Catatumbo mueve cientos de millones de pesos cada semana. Con un precio de más de dos millones de pesos por kilo de pasta base y una producción que puede alcanzar los 300 kilos semanales en algunas veredas, los recursos generados financian la permanencia de grupos armados en el territorio.
El ejército acompaña a los habitantes para intentar garantizar la salida de sus productos, pero la presencia de actores ilegales y el mal estado de las vías siguen siendo obstáculos permanentes.
La lucha contra las economías ilícitas continúa siendo uno de los mayores desafíos para el Estado colombiano en esta región fronteriza.


