Tráfico salvaje: la realidad que se esconde detrás del comercio de fauna silvestre
El lucrativo negocio de especies animales tiene preocupadas a las autoridades que cada día rescatan a casi 100 animales exóticos que han sido sometidos a crueles maltratos.
Noticias RCN
03:58 p. m.
Ser el cuarto país más biodiverso del mundo detrás de Brasil, Sudáfrica y Madagascar es un motivo de orgullo para muchos colombianos, pero también es una preocupación para las autoridades y los defensores de animales que han visto un importante crecimiento del tráfico de fauna silvestre al interior del país.
Diariamente las autoridades ambientales rescatan alrededor de 100 animales silvestres que son sacados de sus hábitats para venderlos como mascotas, comerciar sus pieles o plumas, o simplemente por moda.
Y es que tan solo en el primer semestre de 2018, el tráfico de fauna ha aumentado un 26% respecto al mismo periodo del año anterior.
Los animales más comunes víctimas de este comercio considerado ilegal son las coloridas guacamayas, los loros, aves de diversos tipos, monos, tortugas e incluso las peligrosas serpientes.
Sucre, Córdoba, Cesar, Bolívar y Amazonas son los departamentos que encabezan la lista en donde más se produce la caza ilegal de estos seres vivos y Bogotá la ciudad en la que más se comercializa.
El transporte de estos animales hacia las grandes ciudades, por ser clandestino, obliga en la mayoría de los casos a someter a los animales al maltrato, viajar en cajas, atados con cintas, con sus picos amarrados e incluso amputadas algunas de sus partes para evitar que se fuguen.
"Llegan muy flacos, en ocasiones con fracturas y cuando son capturados lo que hacen es fracturarles los colmillos con alicates", explica Lina Puentes refiriéndose a los micos tití, conocidos también como monos ardilla y apetecidos porque son sociables, tiernos u juguetones.
El riesgo es mas grave si se tiene en cuenta que muchas de las especies comercializadas pueden estar en peligro de extinción y que de cada 10 animales capturados para comercializarse solo un llega con vida a destino.
Y si lo anterior pareciera poco, el mantener en cautiverio a estos animales acorta su periodo de vida. Tan solo en el caso de los loros, que en su hábitat natural podrían vivir hasta 60 años, ese tiempo se reduce a la mitad al mantenerlos en cautiverio.
A pesar de que el comercio de fauna es ilegal, el negocio se mantiene vigente y en aumento por dos razones: es lucrativo y es relativamente fácil de comercializar.
Una guacamaya, por ejemplo, puede llegar a valer hasta $700.000, pero es comprada en alrededor de 20.000 a quienes las capturan. El dinero restante se queda como utilidad en cada uno de los eslabones de esta cadena de comercio ilegal.
Para evitar el control de las autoridades, los comerciantes de fauna hacen uso de las redes sociales y el internet, donde el trabajo para capturarlos se hace más difícil.
La especie se exhibe en plataformas de internet, el comprador la elige, realiza una transferencia o una consignación bancaria y a las pocas horas el animal llega a su casa a continuar la cadena de maltrato al que ha sido sometido desde su misma captura.
Es tan lucrativo este negocio que al país llegan incluso animales que no son exóticos de Colombia. Es el caso de los ajolotes, nombre que proviene del nahuatl, una lengua prehispánica de México, desde ese país llegan estos anfibios para ser comercializados en las vitrinas de algunas tiendas de "mascotas" en Bogotá.
De acuerdo a la legislación colombiana, el tráfico de animales silvestres es un delito por el que se puede pagar de 4 a 9 años de cárcel, pero también es un mercado ilegal que mueve anualmente alrededor de 50 millones de dólares, es decir 150 mil millones de pesos.
Una larga tajada de esa millonaria suma le corresponde a Colombia, el segundo país mas rico en fauna en todo el continente despues de Brasil.
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