Vendedor de helados llegó con su carrito y unas latas de sardinas para ayudar a los damnificados
Don Gilberto decidió compartir parte de lo que tenía con las familias que hoy lo perdieron todo.
Noticias RCN
09:24 p. m.
En medio de la devastación que dejó el terremoto, cuando miles de familias enfrentan la pérdida de sus viviendas y pertenencias, también han surgido historias que demuestran que la solidaridad no depende de cuánto se tenga.
A los centros de acopio han llegado ciudadanos con grandes cargamentos, pero también personas que entregan aquello que tienen a su alcance. Entre ellos está don Gilberto, un vendedor de helados que decidió poner su granito de arena para ayudar a quienes hoy atraviesan uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Su gesto se suma al de miles de colombianos que han entendido que, en una emergencia, cualquier aporte puede convertirse en una ayuda enorme.
Vendedor de helados donó latas de sardinas para las víctimas del terremoto
Don Gilberto llegó con su propio carrito de trabajo y unas latas de sardinas que había comprado para entregarlas a los damnificados.
No se trata de una gran donación ni de un cargamento de alimentos. Son productos que, como para cualquier trabajador, también representan un esfuerzo económico.
Pero decidió compartirlos con quienes hoy necesitan incluso los elementos más básicos para sobrevivir y comenzar nuevamente.
Otros casos de personas solidarias
Como don Gilberto, doña Yolanda y doña Blanca también llegaron con pequeñas ayudas. Yolanda Cifuentes llevó una colchoneta y otros elementos que logró reunir.
Poquito, pero con cariño, lo que se puede.
Para Blanca Morales, la solidaridad se construye entre todos, incluso con aportes que parecen pequeños.
De granito en granito nos vamos ayudando y tenemos en cuenta también el sufrimiento de los demás.
En Medellín, una niña llegó con su alcancía y entregó sus ahorros. En Cartagena, una comunidad de Caño del Oro, que también enfrenta dificultades para conseguir sus propios alimentos, decidió organizarse para enviar ayuda a las zonas afectadas.
Son historias diferentes, pero con algo en común: nadie está esperando tener mucho para poder ayudar.
¿Y qué pasa con quienes no pueden donar dinero?
Hay quienes decidieron entregar algo que también tiene un enorme valor: su tiempo.
Horas enteras clasificando alimentos, cargando cajas, organizando productos y preparando las donaciones han sido posibles gracias a los voluntarios que han llegado a los centros de acopio.
Hay muchas maneras de ayudar. Cuando a veces no hay plata o no hay medios para ir hasta allá, esto también sirve porque va a llegar al que lo necesita.


