Deportesjunio 26, 2022hace 2 meses

Hernán Darío Herrera: la influencia del campo y de dos leyendas

Cuando era adolescente abandonó la vida rural para jugar en Atlético Nacional, club con el que ahora es campeón como entrenador.

Hernán Darío Herrera fue campeón dos veces con Atlético Nacional cuando era futbolista profesional.Hernán Darío Herrera fue campeón dos veces con Atlético Nacional cuando era futbolista profesional. / Foto: Dimayor

“Corré y marcá como Cueto, Hernán”, le dijo Osvaldo Zubeldía en el entretiempo de un partido de Atlético Nacional. Él, el talentoso que además ayudaba en la recuperación de la pelota, no entendía nada. Se miró con sus compañeros, que tampoco comprendían. Luego se dieron cuenta de que el histórico entrenador argentino le había dicho eso a Herrera para motivar a César, el peruano Poeta de la Zurda.

Hernán Darío Herrera aprendió de Zubeldía a motivar a los jugadores. Con él como DT, fue campeón de primera división con el club verdolaga en 1976 y 1981. El Zorro, como le decían al ser que refundó Estudiantes de La Plata, cambió en Colombia los métodos de entrenamiento. Implementó la doble jornada, acabó con las siestas y las comidas poco saludables. Trajo sus conceptos de balón parado y de fortaleza defensiva y física.

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Esos conocimientos los aprendió Herrera gracias a que, cuando tenía 15 años y era parte de un equipo de Caldas (Antioquia), la selección del departamento fue a ese municipio a jugar un partido. El entonces adolescente rubio deleitó a todos y no necesitó hacer nada más para pasar a integrar al conjunto que había sido su rival en aquel encuentro. Viajó a Santa Marta a un campeonato nacional, conoció el mar y en su regreso a Medellín se enteró de que Atlético Nacional lo quería contratar.

A Herrera le tocó abandonar su amada casa en Caldas, en donde se crió a pesar de haber nacido en Angelópolis. El club lo puso a vivir en un apartamento en la ciudad, para que pudiera llegar fácilmente a los entrenamientos. Se iban las mañanas de ordeñar vacas y consentir a los caballos que tenían sus padres, José Nicanor y María Leticia. Su amor por la vida rural ha combinado siempre de manera ideal con el apodo de el Arriero, invento del relator Jorge Eliécer Campuzano, porque veía que tres o cuatro rivales lo perseguían mientras avanzaba con la pelota.

Con ella se destacó y en 1984 dejó Nacional para ser dirigido por otro estratega legendario del fútbol colombiano. Con el América de Gabriel Ochoa Uribe llegó a tres finales de Copa Libertadores (1985, 1986 y 1987) y conquistó cuatro títulos de liga (1985, 1986, 1990 y 1992). Tras esta última consagración se retiró y comenzó a prepararse para ser entrenador, teniendo como faro lo aprendido del Zorro y el Médico.

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Dirigió al equipo de la Universidad del Valle y después trabajó en Real Cartagena, América, Atlético Bucaramanga y Deportivo Pasto, antes de arribar a las divisiones menores de su amado Nacional. Allí siempre había sido el salvavidas. El que ponen de interino. Sucedió cuando se fue Jorge Almirón y, más recientemente, con la salida de Alejandro Restrepo. Herrera, ganador de la Copa Colombia en 2018, aplicó los aprendizajes obtenidos de sus estudios en Europa y le dio a Nacional una nueva estrella. Homenaje a Zubeldía.

Ahora, el Arriero, que también jugó en la Selección Colombia, preparará una nueva gesta en el espacio que tiene en su casa con un tablero de fútbol, fotos memorables y múltiples medallas. Volvió a los lugares campestres y disfruta de los animales. El olor de los árboles y el de la pelota, sus preferidos.

Por: Sebastián Arenas / @SebasArenas10

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