¿Qué pasó con el café en Colombia? Los consumidores están cambiando las reglas del mercado
El mercado del café en Colombia sigue creciendo, mientras los consumidores priorizan el sabor, la frescura y el origen del grano.
Noticias RCN
06:56 p. m.
El consumo de café en Colombia atraviesa una transformación que ya no solo se refleja en la producción, sino también en los hábitos de quienes lo toman a diario. Aunque el consumo interno se mantiene estable en cerca de 2.28 millones de sacos al año, los compradores muestran un interés creciente por aspectos como el origen del grano, los perfiles de sabor, la frescura y las formas de preparación, factores que están modificando la cultura cafetera del país.
Al mismo tiempo, el mercado colombiano de café empacado continúa expandiéndose. Datos de NielsenIQ indican que esta categoría alcanzó ventas cercanas a los 550 millones de dólares durante el último año y acumula un crecimiento superior al 40 % en los dos años más recientes. Este comportamiento responde, en parte, a consumidores que buscan una experiencia más completa alrededor de la bebida y que están dispuestos a explorar nuevas alternativas de consumo.
El sabor gana terreno frente al precio
Las decisiones de compra también evidencian este cambio de comportamiento. De acuerdo con el estudio Consumer Understanding and Usage Study (CUAS 2024), el sabor pasó a convertirse en el principal criterio para elegir una marca de café y también en la razón más importante para probar nuevos productos, desplazando paulatinamente al precio como el factor determinante.
La forma de preparar el café también ha evolucionado. Según el mismo informe, el 66 % de los colombianos prefiere preparar la bebida justo antes de consumirla, una práctica que busca conservar mejor los aromas y las características del producto. Este hábito refleja una mayor valoración por la calidad de cada taza y por la experiencia que rodea su consumo.
Aunque en muchos hogares continúa predominando la preparación tradicional con café molido, olla y colador, las nuevas generaciones han impulsado la diversificación de las preferencias. Las bebidas frías, los cafés de origen y la experimentación con diferentes métodos de preparación han comenzado a ganar espacio, especialmente entre los consumidores más jóvenes.
Una cultura cafetera cada vez más informada
Además del gusto por nuevas preparaciones, crece el interés por conocer el recorrido del café antes de llegar a la taza. Conceptos como la trazabilidad del grano, las condiciones de cultivo, el trabajo de las familias caficultoras y las prácticas sostenibles empiezan a tener mayor peso en las decisiones de compra.
Este fenómeno ha llevado a que distintos actores de la industria fortalezcan las iniciativas orientadas a divulgar información sobre variedades, procesos de producción y características de los cafés colombianos, con el propósito de acercar a los consumidores al valor que existe detrás de cada producto.
La transformación ocurre en un sector que continúa siendo uno de los pilares de la economía nacional. La caficultura genera alrededor de 592.000 empleos directos y representa más del 11 % de la canasta exportadora colombiana, consolidándose como una actividad estratégica tanto para el desarrollo rural como para el comercio exterior.
En este contexto, el crecimiento del mercado interno y la evolución de los hábitos de consumo muestran que, además de mantener su reconocimiento como productor de café de alta calidad, Colombia avanza hacia una cultura cafetera en la que los consumidores participan de manera más activa, informada y exigente frente a la bebida que hace parte de su identidad.
"El reto para la industria ya no es únicamente ofrecer una buena taza de café. También debemos contribuir a formar consumidores que valoren el origen del grano, el trabajo de las familias caficultoras y la riqueza de la tradición cafetera colombiana. Fortalecer ese conocimiento es fundamental para seguir construyendo una cultura cada vez más sólida y cercana a las nuevas generaciones", afirma Rodrigo Ernesto Tercero Gómez, de Café OMA.

