Reduflación: pagar lo mismo y recibir menos, el fenómeno que golpea el bolsillo
Reduflación: pagar lo mismo y recibir menos. Así funciona este fenómeno silencioso que ya impacta el consumo y la economía del hogar en Colombia.
Noticias RCN
07:36 a. m.
En medio del aumento del costo de vida, muchos hogares colombianos sienten que el dinero rinde cada vez menos.
Y no siempre es porque los precios suban. Existe un fenómeno silencioso que está cambiando la forma de consumir: la reduflación —conocida internacionalmente como shrinkflation—, una práctica en la que los productos mantienen su valor, pero reducen su tamaño, contenido o cantidad.
Desde la economía del comportamiento, este efecto no es menor. Según explica Gabriel Contreras, experto en economía del hogar, el consumidor no reacciona solo al precio, sino al “ancla mental” del valor histórico del producto. Es decir, compramos esperando recibir lo mismo de siempre… y eso ya no ocurre.
Mismo precio, menos producto: así opera la reduflación
La inflación no se manifiesta únicamente en etiquetas más caras. También aparece en empaques más pequeños, porciones reducidas o materias primas de menor calidad. Hoy, la reduflación se percibe con fuerza en categorías de consumo cotidiano como:
- Cuidado de la piel
- Cuidado del cabello
- Cuidado del hogar
- Alimentos empacados y comidas listas para consumir
Un ejemplo frecuente son los snacks: paquetes que antes traían más contenido ahora cuestan lo mismo, pero incluyen menos gramos. El cambio es sutil, pero constante, y termina impactando el presupuesto mensual.
De acuerdo con una encuesta realizada a 4.500 personas por la consultora bdxl, el fenómeno ya es ampliamente reconocido por los consumidores:
- 69% afirma notar reducciones en tamaño o cantidad sin cambios en el precio.
- 35% lo identifica en productos de cuidado del hogar.
- 44% en alimentos empacados y comida procesada.
- 62% lo percibe en comidas listas para consumir fuera del hogar, como corrientazos, almuerzos ejecutivos, panadería, pastelería y bebidas listas.
“Estamos frente a una inflación que no siempre se ve en el precio, sino en el plato, en el envase y en la duración del producto”, señala Contreras.
Dos inflaciones y una misma sensación de pérdida
Desde una mirada conductual, hoy conviven dos tipos de inflación: la explícita, cuando los precios suben directamente, y la implícita o reduflación, cuando el valor se mantiene, pero el beneficio real disminuye.
El problema es que esta segunda erosiona la confianza del consumidor. El hogar siente que su poder adquisitivo se reduce, incluso si el precio “no cambió”. Para muchos, la responsabilidad ya no recae en las políticas públicas, sino en las marcas y empresarios.
En la práctica, la reduflación genera compras más frecuentes, menor capacidad de planificación, sensación de pérdida de control financiero y mayor fricción en decisiones cotidianas.
“Cuando la gente siente que todo alcanza menos, cambia su comportamiento: sustituye marcas, reduce categorías o posterga decisiones. Esto tiene efectos económicos, psicológicos y sociales”, concluye Contreras.


