Internacionaloctubre 09, 2021hace 2 meses

Triste historia de pueblo en Venezuela donde la gente no sabe leer ni escribir

En Ologá, viven cerca de 40 familias sin agua corriente ni electricidad. Todos están aislados y su única escuela lleva cuatro años abandonada.

Triste historia de un pueblo de Venezuela en el que la gente no sabe leer, ni escribirFoto: Pixabay - imagen de referencia.

Una escuela en Ologá, un aislado pueblo de pescadores en Venezuela, lleva cuatro años abandonada con muchos pupitres en un salón oscuro y lleno de polvo. La pizarra está en blanco y la pintura de las paredes se desprende por la humedad.

La escuela llevaba tres años cerrada cuando el Gobierno del presidente Nicolás Maduro suspendió las clases presenciales en marzo 2020 por la pandemia de covid-19. Y aunque se tiene previsto reabrir las aulas el 25 de octubre del año en curso, en Ologá no será posible.

En el pueblo viven unas 40 familias sin agua corriente ni electricidad. Todos están aislados por la falta crónica de gasolina, como muchos caseríos en esta región que vio nacer la industria petrolera en Venezuela.

La única maestra que viajaba al pueblo para dictar clases, empezó a ausentarse por la falta de combustible. Dependía de aventones que le daban pescadores y lancheros que trasladaban turistas a la zona (famosa por el fenómeno conocido como Relámpago del Catatumbo) hasta que un día no volvió más.

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Además de los bajos salarios, que no llegan a los 5 dólares mensuales, una realidad que se repite en todo el país.

"No aprendí a leer (...) y nada de las vocales", señaló Andrea, una niña de 12 años, que recuerda jugar con sus compañeros en el recreo, cuando se mecían en un columpio elaborado de tablas. 

También está el caso de Ángel Villasmil, un hombre de 58 años que tiene 8 hijos. "De mis ocho hijos (ya adultos), solo una sabe leer y escribir, los demás somos todos brutos", agregó a la AFP. 

Ángel se pasa los días viendo jugar a sus 20 nietos con tablas y bidones de plástico que flotan en una orilla repleta de desechos arrastrados por las corrientes, la mayoría cubiertos de petróleo.

María Villasmil, una mujer de 21 años, es la hija de Ángel que sí logró aprender y quien hoy en día sueña con que su hija Sheria de tan solo tres también tenga esta oportunidad. 

"Quiero que mi hija también aprenda. Aquí hay muchos niños que quieren estudiar y no pueden hacerlo porque no hay escuela", aseguró. 

Sin embargo, en Ologá, la educación no es el único problema pues sus habitantes aseguran que las condiciones de vida no son las mejores. 

"Electricidad no tenemos, agua bebemos cuando llueve, de resto tenemos que buscar agua en el río", añadió Francisco Romero, habitante del pueblo hace 67 años. 

El humo de la leña que usan para cocinar impregna el aire. Hace años que no tienen acceso a gas doméstico. 

El poco combustible que ven lo llevan los "fresqueros", como llaman a los compradores de pescado, que suelen pagarles mediante trueque con gasolina o "un poco de comida", en especial arroz o harina de maíz.

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