Internacionalnoviembre 09, 2021hace 9 meses

La ministra de Madagascar denuncia la hambruna de su pueblo por el calentamiento en la COP26

Según la PMA, más de 1,3 millones de malgaches sufren una malnutrición aguda y 30.000 de ellos sufren una hambruna, causada por el cambio climático.

La ministra de Madagascar denuncia la hambruna de su pueblo por el calentamiento en la COP26Foto: Rijasolo - AFP /

Lejos de los ojos del mundo, la isla africana de Madagascar sufre la primera hambruna oficialmente debida al calentamiento global. Su ministra de Medio Ambiente, presente en Glasgow para la COP26, advierte que "otros países podrían vivir" la misma situación.

La mitad sur de este país insular en el océano Índico sufre una sequía sin precedentes en los último 40 años, que sumió a más de 1,3 millones de malgaches en una malnutrición aguda. 

Y 30.000 de ellos sufren ahora una hambruna, la primera causada por el cambio climático debido a las actividades humanas, según anunció recientemente el Programa Mundial de Alimentos (PMA). 

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"La situación es crítica y las previsiones en materia de lluvias no son buenas", advierte la ministra, Baomiavotse Vahinala Raharinirina, en una entrevista con la AFP. 

"La desertificación, la temperatura de 45°C durante todo el año, la falta de agua, las mujeres que ahora caminan 20 km para ir a buscar un bidón de agua, son realidades", agrega, alertando de la desnutrición, el riesgo de muerte y las enfermedades causadas por la imposibilidad de que los habitantes beban lo suficiente. 

"Desde hace unos diez años, esta hambruna ocurre con regularidad, y desde hace cuatro años, cada año y se agrava", subraya.

Y si no se realiza una rápida reducción de las emisiones de carbono que frene el calentamiento global, "la situación que vive el sur de Madagascar en la actualidad será la de tres cuartas partes del país en 2080 o 2100: eso significa más de 20 millones de personas". 

La ministra viajó a Glasgow, donde multiplica las reuniones diplomáticas y entrevistas con los medios internacionales para dar la voz de alarma. 

Lo hace por su país, pero también por todos los demás amenazados por los efectos cada vez más devastadores del calentamiento global.

"Tenemos que aprender de los demás, lo que estamos viviendo ahora, lo podrían vivir otros: la desertización, las islas bajo el agua. Una gran parte de los territorios del sur desaparecerá, pero también ciudades aquí en el hemisferio norte", subraya. 

"Empatía climática"

"Tenemos que tomar decisiones y actuar para evitar este tipo de situaciones a otros países", defiende. 

"Por eso estamos aquí. Si creamos la COP es porque creemos en la capacidad del mundo para reunirse y tomar decisiones inteligentes de forma colectiva", insiste, pese a que los compromisos actuales siguen sin ser compatibles con el gran objetivo de limitar el calentamiento del planeta a +1,5°C, inscrito como objetivo deseable en 2015 por el Acuerdo de París.

Aunque Madagascar, al igual que el resto de los países en desarrollo, no es responsable de las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático, Raharinirina defiende que su país puede ser parte de la "solución", gracias a sus bosques tropicales, sumideros naturales de carbono que deben ser preservados. 

Gracias a la "solidaridad climática" que reclama, la ministra espera recibir el apoyo necesario "para preservar lo que queda, para reforestar". 

Más allá del apoyo financiero, Madagascar, su población y su increíble biodiversidad, dependen también del estilo de vida de los ciudadanos de los países ricos, insiste. 

"El aumento de la temperatura sólo puede detenerse si también se produce un cambio en los patrones de consumo y producción de los llamados países contaminantes. No es sólo una cuestión de financiación, también es una cuestión de comportamiento, de los hábitos tanto de las empresas como de los ciudadanos", afirma. 

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¿Un ejemplo? Las "terrazas con calefacción en pleno invierno" que han proliferado con la pandemia de covid-19. "Hay que prohibir este tipo de comportamientos y que todo el mundo piense en su huella de carbono". 

En su opinión, todo esto se resume, en una palabra: "empatía". Hay que "darse cuenta de que el propio acto de comprar, de consumir, puede tener un impacto en los demás". 

"Necesitamos empatía climática, puede que sea un término nuevo, pero es lo que se necesita, empatía del norte al sur, y entre ciudadanos. Y la empatía no significa compasión", sino asegurar que "el otro pueda proyectarse en un futuro".

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