Saludseptiembre 22, 2022hace 11 días

Donación de óvulos en Colombia: a simple vista una labor altruista, pero en el fondo una polémica discusión

De 10 mujeres que aspiran a ser donantes, solo una o dos lo logran. Una testigo contó a NoticiasRCN.com los mitos y realidades sobre la donación de óvulos.

“Estaba en TikTok y vi el video de una chica que habló de todo su procedimiento. Dijo que había donado óvulos en varias ocasiones y que le pagaban muy bien; yo empecé a buscar en Google qué sitios existían en Bogotá para hacer esto y me salió un laboratorio”, contó a NoticiasRCN.com la testigo de esta historia.

¿Alguna vez ha escuchado hablar de la donación de óvulos? Una práctica que, aunque es común, es poco conocida en Colombia. Se trata de mujeres entre los 18 y 35 años que voluntariamente entregan material genético. Gametos femeninos con los que otras personas pueden cumplir el sueño de ser padres a través de la fecundación in vitro, una alternativa que en el país puede costar entre 25 y 38 millones de pesos. A simple vista donar óvulos parece ser solo una labor altruista, pero ¿qué hay detrás de todo esto?

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Jhoana es una joven de 21 años, estudiante de medicina que, como cualquier persona de su edad, quería tener una fuente de ingresos para solventar sus gastos. Fue en medio de esta búsqueda que ingresó al programa de donantes anónimos de óvulos en una reconocida clínica de Bogotá.

Encontró el laboratorio en internet e inició su proceso. “En su página ellos tienen una sección sobre el programa de donación de óvulos, donde explican todo. Yo escribí por WhatsApp que estaba interesada en participar. Ellos en ningún momento dicen que pagan, sino que hablan de una contribución por el tiempo gastado en el proceso”, aseveró.

Primera etapa: foto de cuerpo completo

La mujer narró que cuando se contactó con la clínica le pidieron enviar por correo sus datos personales y otra información sobre su aspecto físico: una foto del perfil de cuerpo completo, nombre, cédula, estatura, peso, color de cabello, ojos, piel y ciudad de nacimiento. “No era tan fácil entrar al programa porque ellos buscaban que tú te parecieras a la persona que iba a recibir los óvulos”, dijo.

Participar en este tipo de procesos no es sencillo. De 10 mujeres que aspiran a ser donantes, solo una o dos pasan los filtros para lograrlo. Es una especie de examen con etapas que no todas las aspirantes logran superar. Inicialmente, los especialistas buscan rasgos físicos específicos, similares a los de las receptoras de los óvulos, esto para que haya compatibilidad. Es un proceso anónimo y la donante nunca ve a quienes adquieren sus óvulos, ni siquiera se entera si el proceso de fecundación fue exitoso o no.

Segunda etapa: ¿Por qué quiere donar óvulos?

Luego de pasar el primer filtro fenotípico, las pacientes continúan con un proceso de largos exámenes. Pasaron ocho días, desde el primer mensaje de Jhoana a la clínica, para que se contactaran con ella. Le informaron que cumplía los requisitos iniciales y le contaron lo que seguía en el proceso. “Me enviaron un enlace en Zoom para una entrevista con la psicóloga del laboratorio”, contó. Esta consulta se hace porque toda paciente que tenga antecedentes de enfermedades psiquiátricas o psicológicas es automáticamente descartada del programa.

“Ella me hizo varios cuestionamientos sobre datos personales. También me preguntó cómo me había enterado de ellos y por qué quería donar mis óvulos”, comentó.

Esta era la respuesta más importante para el ingreso. Su objetivo era recibir un pago del que había escuchado hablar en un video de TikTok, pero obtener dinero por donar óvulos en Colombia no es legal y, por ende, no es un tema del que se hable abiertamente. “Yo obviamente no dije que por la plata sino porque era una opción para ayudar a familias que no pueden tener hijos. Me beneficiaría a mí y a ellos”.

Cabe aclarar que la donación de óvulos es permitida. Pese a que no existe una ley específica que la regule, sí hay una norma sobre la entrega voluntaria de componentes líquidos con fines terapéuticos y de investigación, entre la cual se asume que entraría la donación de ovocitos. Lo que sí está prohibido por la legislación es que el material genético tenga objetivos comerciales, es decir, que se pague por los óvulos que la donante entrega.

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“Al final pregunté cuánto era la retribución económica y me dijeron que en promedio $2.000.000 en efectivo, pero todo al terminar el tratamiento. La psicóloga me aclaró que ellos no pagaban por material genético, sino por mi esfuerzo al ayudar a familias que no podían tener hijos. Siempre reiteraba que era una labor altruista”, contó.

Esta práctica funciona en Colombia a través del pago de montos de dinero que se justifican como una compensación por el tiempo, esfuerzo y molestias a las que se somete la donante. Pagar por donar óvulos no está permitido y la ley 919 del 2004 lo estipula. Pero en ningún momento se contempla la ilegalidad de entregar dinero por el esfuerzo invertido. Bajo este argumento, más de 30 entidades autorizadas para hacer este tipo de procedimientos en el país brindan una retribución económica importante a las donantes. Algo que podría cuestionarse bajo un debate bioético; pero, la pregunta es: ¿sin un pago habría donantes?

Tercera fase: sangre y más sangre

“Luego de eso un doctor me citó”, continuó narrando Jhoana. “Era un consultorio al lado de la Clínica Santa Fe, un sitio muy elegante. Me llamaron y el médico me contó que era ginecobstetra especialista en fecundación in vitro. Me dijo que el primer paso era una ecografía transvaginal y me la hizo para ver que mi útero estuviera en buen estado. Luego dijo que todo había salido bien”.

El siguiente paso fueron más análisis que hacia una genetista, pero esta vez de sangre. Primero unos exámenes de bioquímica sanguínea básica: función renal, hepática y hemograma. Luego otras pruebas para descartar Enfermedades de Transmisión sexual (ETS).

Después de que los análisis salieron sin ninguna novedad, Jhoana recibió un correo electrónico con los resultados y la noticia de que estaba lista para la siguiente fase: un cariotipo. Se trata de un estudio que muestra cada cromosoma de una persona y si tiene mutaciones genéticas que generen diferentes enfermedades como: discapacidad intelectual, autismo, malformaciones congénitas, genitales ambiguos, talla baja, infertilidad, pérdida recurrente de la gestación, leucemias y mieloma múltiple.

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Este análisis puede costar entre 200 a 300 euros, no es un examen usual en Colombia y, además, los resultados salen en un mes aproximadamente. La posible donante debía someterse a una nueva prueba de sangre, pero esta vez más especializada. Ninguno de los exámenes fue pagado por Jhoanna, todo lo asumió el laboratorio.

La razón por la que las clínicas que se encargan de la donación de material genético hacen tantas pruebas a las candidatas, es que la legislación los obliga a descartar que las opcionadas puedan tener cualquier enfermedad transmisible genéticamente.

Cuarta fase: una mala noticia

Pasó un mes y llegaron los resultados del cariotipo y del perfil de ETS que le hicieron a la mujer. “El doctor me explicó el resultado del análisis y me dijo que había una mutación en el cromosoma 11, que hacía que cuando yo tuviera un hijo, tuviera más riesgo de tener pérdidas y que por esa razón ellos no me podían aceptar en el programa de donación de óvulos”.

El resultado de los estudios no era lo que Jhoana esperaba. Luego de enterarse de esto tuvo que finalizar el proceso. Sin embargo, le explicaron que lo que seguía en caso de que todo hubiese salido bien, era la aplicación de unas inyecciones.

Quinta fase: aspiración de los óvulos

Durante medio mes las donantes deben someterse a un tratamiento con Gonadotropina. “Las mismas mujeres son las que se aplican en el estómago el medicamento, eso era para aumentar la maduración de los folículos ováricos y que ellos pudieran extraer más óvulos. Nunca te dicen cuántos gametos femeninos sacan, solo que eso no afectaba en el futuro para tener hijos”. Eran unas inyecciones que se suministraban diariamente, el laboratorio se las entregaba y le pedían que las guardara en la nevera.

José Ignacio Madero, ginecólogo del centro de reproducción asistida al que Jhoana acudió, explicó el proceso. “Cuando la donante tiene su primer día de menstruación debe avisar”, dijo. “A partir del segundo día se le suministran unos medicamentos que hacen que crezcan los folículos dentro del ovario. En el octavo día le hacemos la primera ecografía para ver cómo van. Alrededor del día nueve se le aplica otro medicamento y el día 11 o 12 se hace la aspiración folicular”, aseveró.

Este es un procedimiento que tiene una duración de 20 a 30 minutos. Se hace con una aguja que entra al cuerpo de la mujer por vía transvaginal y bajo sedación general para que no haya ningún tipo de dolor. “Es un procedimiento inocuo, pero no exento de riesgos”, señaló el doctor. Como cualquier intervención quirúrgico puede tener reacciones imprevistas.

“Me explicaron que es una especie de aguja que sacaba los gametos”, dijo Jhoana, “y que después del procedimiento te pasaban a una sala de recuperación durante dos horas, te podías ir a tu casa el mismo día y ya luego te pagaban”.

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