Los mejores momentos de 50 días de travesía en el Buque ARC Simón Bolívar
La tripulación está en el continente blanco cumpliendo un sueño, pero además acompañando a la familia de la Armada a construir país en la lejanía.
Para que un viaje sea inolvidable, hay que aprender a desprenderse por unos días de lo que más se quiere. Un último abrazo, una llamada que se queda corta, una bendición que pesa más que la maleta, así empezó la decimosegunda expedición al corazón de la tierra.
Zarpamos con Colombia a bordo, con su bandera, con la promesa de volver distintos. El Canal de Panamá fue la primera señal de que éste no sería un viaje cualquiera. Ver el ARC Simón Bolívar cruzar el paso comercial más importante del mundo fue entender que ya no había marcha atrás.
Ya al otro lado del continente, el Pacífico mostró por momentos su carácter, su furia y sus propias leyes. Hubo momentos difíciles, cansancios y días en los que el movimiento hizo de las suyas, pero también hubo equipo, apoyo y la certeza de que aquí nadie navega solo.
Después de 20 días siendo testigos de la inmensidad de las aguas, ver tierra ha sido de las sensaciones más inexplicables del viaje. La bandera de Colombia ondeando lejos de casa es un recordatorio de quiénes somos y a quién representamos.
Los canales patagónicos llegaron como un respiro. Montañas que nacen del mar, glaciares que imponen respeto y estrechos pasos donde la navegación es aún más exigente. El paso de Drake nos esperaba, aquel cruce que separa dos mundos y al que todos le guardan respeto, nos dejó pasar como si nada, y entonces, apareció lo soñado. Ese lugar al que veíamos en los libros de biología, en los fondos de pantalla y como un imposible, fue real.
50 noches después, estamos aquí, donde el frío es extremo, la naturaleza imponente y el silencio necesario. 50 días donde hubo que renunciar a fechas especiales, aguantar tristezas y posponer momentos para simplemente dejarse sorprender con la gracia de Dios.
Esta aún no es la meta cumplida porque la historia se sigue escribiendo, pero sí una fecha que demuestra que un viaje a bordo del ARC Simón Bolívar no se mide en millas, sino en todo lo que es capaz de transformar.

