"La política nos está costando vidas": así se está jugando la democracia en Colombia
Candidatas perseguidas, hostigadas, acosadas y violentadas sexualmente hacen parte de un panorama que hoy deja cifras alarmantes.
La violencia política vuelve a encender las alarmas en Colombia en medio del proceso electoral.
Organizaciones de observación y autoridades advierten que el ejercicio democrático se está desarrollando en un escenario de riesgo creciente, donde hacer campaña, participar en política o liderar procesos sociales se ha convertido en una actividad marcada por el miedo.
La Misión de Observación Electoral (MOE) alertó que en 339 municipios del país existe riesgo electoral asociado a la violencia, un panorama que coincide con un aumento sostenido de ataques contra líderes políticos, comunales y sociales durante el último año.
Las cifras son contundentes: 415 ataques, 61 atentados, 32 secuestros, 215 amenazas, un desaparecido y 101 asesinatos relacionados con la violencia política.
Detrás de estos números hay nombres, historias y procesos truncados, así como una democracia que se ve seriamente afectada.
¿Cómo se está viviendo la democracia en Colombia?
El debate sobre la violencia política no se limita a estadísticas. En el último año, el país ha sido testigo de hechos que marcaron un punto de quiebre y dejaron en evidencia la fragilidad de las garantías para quienes participan en la contienda electoral.
Uno de los episodios más graves fue el magnicidio de Miguel Uribe Turbay, quien luchó durante dos meses por su vida tras un atentado y falleció el 11 de agosto.
A este hecho se sumaron los atentados contra los senadores Julio César Triana, en el Huila, y Temístocles Ortega, en el Cauca, ocurridos la misma semana, así como el ataque contra la caravana de Abelardo De La Espriella, registrada en octubre en una carretera de Norte de Santander.
Candidatas han sufrido acoso e intimidaciones en medio del calendario electoral
La violencia, sin embargo, no se ha manifestado únicamente a través de armas de fuego. El hostigamiento, la intimidación y la agresión simbólica también hacen parte del escenario.
La candidata Paloma Valencia fue hostigada durante una correría en Duitama, mientras que las referencias a su cuerpo fueron señaladas como otra forma de violencia política.
El senador Iván Cepeda fue increpado en un avión cuando regresaba a Bogotá tras participar en un evento en Neiva. En otros casos, las agresiones han escalado a niveles aún más graves.
La candidata del Centro Democrático Sofía Araújo ha denunciado persecución, acoso y violencia sexual. A la representante Katherine Miranda le vandalizaron su sede de campaña, y la candidata al Senado Lina Garrido fue víctima de un ataque digital que expuso su dirección personal, obligándola a abandonar su vivienda.
El representante Juan Espinal también denunció amenazas y mensajes intimidantes de alto calibre a través de redes sociales, sumándose a una larga lista de dirigentes que aseguran estar bajo riesgo constante.
Registrador Nacional hizo un llamado frente al aumento de la violencia política
Las alertas no solo se centran en la seguridad de los candidatos. Desde distintos sectores se insiste en que estas agresiones afectan directamente el derecho de millones de ciudadanos a elegir libremente y en paz.
La violencia política, advierten, no solo silencia voces, sino que distorsiona el juego democrático.
En este contexto, el registrador nacional, Hernán Penagos, hizo un llamado a bajar el tono del discurso público y a frenar el lenguaje de odio:
Que la polarización social y el lenguaje de odio no tengan la última palabra y que la sociedad colombiana entienda que las elecciones son una fiesta democrática, una manera de respetar la soberanía y de entendernos como sociedad.
Ahora, la advertencia es clara: la democracia se está jugando en medio del miedo, y el costo ya se está midiendo en vidas.


