Advierten asimetría en la ofensiva militar contra Calarcá, pese a reclutamiento y adoctrinamiento de menores
Informes advierten sobre campamentos de las disidencias de Calarcá en los que los menores son adoctrinados y entrenados para la guerra.
Giovanny Suárez
09:32 p. m.
En Colombia, un menor de edad es reclutado por las redes del conflicto armado en promedio cada 20 horas. Detrás de esta tragedia, que destruye el futuro de cientos de niños ajenos a la guerra, se esconde una profunda contradicción en la estrategia de seguridad del Estado: mientras la Fuerza Pública mantiene una persecución implacable contra alias Iván Mordisco, la estructura criminal de alias Calarcá se expandió y fortaleció bajo el amparo de conversaciones con el Gobierno Nacional.
Reportes de organismos nacionales e internacionales coinciden en señalar una evidente asimetría en la ofensiva militar. A pesar de que ambos cabecillas representan amenazas del mismo calibre, el tratamiento institucional ha sido muy diferente.
Contra Mordisco se despliega todo el peso de las Fuerzas Militares, pero con Calarcá el Ejecutivo optó por instalar mesas de diálogo con el Estado Mayor de los Bloques y Frentes que lidera. Esta disparidad permitió que, amparados en los mecanismos de cese al fuego y desescalamiento de combates implementados durante gran parte de 2024 y 2025, los integrantes de la organización de Calarcá triplicaran el reclutamiento forzado cuando el Estado, prácticamente, dejó de combatirlos.
Reclutamiento infantil se disparó 300% en los últimos cinco años:
Los devastadores efectos de esta permisividad territorial quedaron al descubierto en los informes de la OEA y de las Naciones Unidas. De acuerdo con el balance de la ONU, solo en el año 2025 se confirmó el reclutamiento de 386 menores en el país.
Asimismo, agencias como UNICEF alertan que en los últimos cinco años este flagelo se disparó un 300% en territorio colombiano, una escalada de la que son responsables las disidencias de las FARC bajo el mando, tanto de Iván Mordisco como de Calarcá.
Menores son adoctrinados y entrenados para la guerra:
Para dimensionar el alcance de esta práctica criminal, Leonardo González, director de Indepaz, destacó que todo menor de 18 años que termina involucrado en una estructura ilegal debe ser considerado categóricamente como una víctima de este delito. El analista advirtió que estos datos demuestran que el reclutamiento forzado se mantiene como una dolorosa constante en Colombia, donde la infancia sigue asumiendo el precio más elevado del conflicto.
La OEA detalló que este fenómeno no solo persistió, sino que experimentó un incremento exponencial en los departamentos de Antioquia, Caquetá, Cauca, Guaviare, Meta, Nariño, Putumayo y Valle del Cauca, zonas de operaciones donde el grupo de Calarcá incorporó a filas a niños, niñas y adolescentes de entre 10 y 17 años.
Con el fin de adoctrinarlos y someterlos a entrenamiento estrictamente militar para la guerra, la red ilegal consolidó campamentos estables en enclaves estratégicos como las regiones del Naya (Cauca), el Bajo Cauca (Antioquia), las localidades de Lloró y el litoral de San Juan (Chocó), además de Planeta Rica y Tierralta (Córdoba).

