El 80% de los estudiantes no hace actividad física por el uso excesivo de pantallas: ¿Qué se debe hacer?
Las instituciones buscan combatir el sedentarismo, y favorecer la interacción social, la autorregulación y el reconocimiento de las emociones.
Yhonay Díaz
09:54 p. m.
El juego, el baile, el yoga y las actividades físicas grupales están tomando protagonismo en las estrategias educativas que buscan fortalecer el bienestar de niños y adolescentes.
Más allá de combatir el sedentarismo, estas experiencias abren espacios para la interacción social, el reconocimiento de las emociones y el desarrollo de habilidades que contribuyen a la convivencia escolar.
En 2024, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el 80% de los adolescentes del mundo no alcanza los niveles recomendados de actividad física.
En julio de 2026, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señaló que más del 80% de los adolescentes de las Américas tampoco cumple con la recomendación de realizar al menos 60 minutos diarios de actividad física.
En un entorno marcado por el uso prolongado de pantallas y las rutinas sedentarias, las instituciones educativas buscan incorporar alternativas que permitan convertir el movimiento en un hábito cotidiano y relacionarlo con el bienestar físico y emocional.
¿Cómo evitar el sedentarismo y las pantallas en estudiantes de colegio?
Una de las iniciativas que aborda este desafío es el Global Be Well Day 2026, organizado por la red internacional Cognita, que reúne colegios en 21 países. En esta edición, más de 90 instituciones participaron bajo el lema In Motion, We Thrive, con actividades orientadas a integrar el movimiento en la experiencia educativa.
En Bogotá, el Colegio Las Pachas reunió a 585 estudiantes en una jornada que incluyó baile, yoga, juegos y ejercicios físicos. También participaron familias, docentes y colaboradores, quienes compartieron experiencias que permitieron relacionarse desde dinámicas distintas a las habituales del entorno escolar.
La risa, la disposición a asumir nuevos retos y la oportunidad de dejar temporalmente de lado las responsabilidades académicas favorecieron la interacción entre estudiantes y adultos.
Aunque una jornada lúdica no demuestra por sí sola cambios duraderos en el comportamiento, sí permite explorar formas de convivencia y participación diferentes a las de la rutina escolar.
Actividades lúdicas son clave para cada etapa del desarrollo
La programación incluyó a más de 500 estudiantes desde Kínder hasta grado 12, con propuestas ajustadas a las distintas edades. Entre ellas estuvieron las pausas activas durante las clases, los recorridos al aire libre, los juegos de integración, el baile y los ejercicios de respiración.
La iniciativa se articuló con SHINE, el programa institucional de bienestar y liderazgo empático que acompaña la formación de las estudiantes desde la primera infancia hasta la adolescencia.
Este enfoque reconoce que las necesidades cambian con el crecimiento. Mientras que en las niñas más pequeñas el movimiento puede acompañar el desarrollo de las habilidades motoras, en las mayores puede incorporarse a prácticas relacionadas con el manejo del estrés y la autorregulación.
Para Gabriela Casanova, rectora del Colegio Las Pachas, el movimiento debe integrarse de manera consciente y cotidiana a la educación. La directiva sostiene que el cuidado del cuerpo también está relacionado con el bienestar emocional, las relaciones con los demás y la capacidad de desenvolverse en distintos entornos.
Las actividades lúdicas también amplían la manera de entender la actividad física. No todos los estudiantes se sienten motivados por los mismos deportes ni disfrutan de las mismas disciplinas. Por eso, caminar, bailar o participar en juegos colectivos pueden convertirse en alternativas para quienes encuentran más motivación en la diversión y la interacción que en la competencia.
Este artículo fue realizado con el apoyo de una inteligencia artificial y redactado por un periodista.



