Detrás de las cirugías plásticas hay un trastorno psicológico que enciende las alertas: ¿Cuál es?
Expertos recomiendan una evaluación psicológica previa a procedimientos quirúrgicos debido a influencia de redes sociales y expectativas irreales en pacientes.
Noticias RCN
09:42 a. m.
La decisión de someterse a una cirugía estética no solo debe evaluarse desde criterios médicos físicos, sino también desde la salud mental, una advertencia real y que crece con el número de personas que buscan procedimientos impulsadas por presiones externas más que por convicciones personales genuinas.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana, entre el 6% y el 15% de las personas que solicitan procedimientos estéticos presentan trastorno dismórfico corporal (TDC).
Se trata de una condición caracterizada por una preocupación excesiva por defectos físicos mínimos o imperceptibles para los demás.
¿Qué es el trastorno dismórfico corporal?
Beatriz Hincapié, CEO de Mentoring Medic, explicó que el trastorno dismórfico corporal altera la manera en que una persona percibe su propia imagen.
Quienes lo padecen pueden dedicar una gran cantidad de tiempo a examinarse frente al espejo, buscar constantemente validación externa o evitar actividades sociales debido a la angustia que les produce su apariencia.
En estos casos, una cirugía rara vez resuelve el problema de fondo.
Entre las señales de alerta que deben analizarse antes de aprobar una intervención estética se encuentran las expectativas desproporcionadas sobre los resultados, la presión ejercida por parejas, familiares o círculos sociales, la existencia de crisis emocionales recientes como rupturas sentimentales o duelos, y el historial de múltiples procedimientos sin una satisfacción duradera.
Un procedimiento estético puede corregir una característica física que genera incomodidad, pero no tiene la capacidad de resolver conflictos emocionales profundos. Por ello, la creencia de que una cirugía puede solucionar dificultades relacionadas con la autoestima, la aceptación personal, las relaciones afectivas o la felicidad, nunca debe ser la causa para decidir realizarse una cirugía.
Trastorno mental convierte los procedimientos estéticos en una especie de adicción
Este tipo de situaciones lleva a que los pacientes regresen repetidamente al consultorio buscando corregir una nueva imperfección después de haberse sometido a procedimientos previos.
Cuando la insatisfacción proviene de la percepción que la persona tiene de sí misma y no de una condición física objetiva, nuevas intervenciones suelen generar frustración en lugar de bienestar.
Las redes sociales también juegan un papel importante en esta creciente preocupación por el aspecto físico. La exposición permanente a imágenes editadas y filtros de belleza ha incrementado la presión por alcanzar estándares físicos difíciles o imposibles de reproducir en la vida real.
Muchas consultas para procedimientos nacen de la comparación constante con versiones digitales de otras personas.
Hincapié sugiere que quienes estén considerando una cirugía estética se hagan algunas preguntas antes de avanzar: ¿El deseo de cambiar surge de una convicción personal o de comentarios externos?, ¿Cuánto tiempo llevo sintiendo esa inconformidad? y ¿Qué espero que cambie en mi vida después del procedimiento?



